Lunes 31 de diciembre de 2012
Quizá el de hoy sea el día del año más propicio para jugar con las supersticiones. Hay una variada gama de formas, maneras y costumbres de despedir el año y una gama todavía más amplia para recibir al nuevo. Casi con carácter general hay intenciones de que el próximo sea un año bueno para todos en cuanto a salud y dinero se refiere, aunque la mayoría suele ser conformista y desear que al menos las cosas se queden como están. Lo que ocurre es que corren tiempos donde los conformistas son los menos, muy pocos los que desean que las cosas se queden como están, porque las cosas como están serían nefastas para un importante número de familias a las que desear que 2013 sea mejor año, no es pedir demasiado, simplemente salir del pozo o ver la luz al final del túnel.
Se ha cumplido un año desde que Ana Botella se convirtió en la primera mujer alcaldesa de Madrid. Siempre que se cumple un año de algo importante, se suele hacer balance. Botella llegó a la alcaldía en un momento complicado, quizá en el peor de los momentos de la última década, cuando la crisis económica obligaba a realizar duros ajustes, cuando era necesario cumplir con el pago de la deuda del Ayuntamiento que había dejado su antecesor, cuando había que desarrollar un presupuesto restrictivo y, sobre todo, cuando tanta penuria económica impedía dotar de recursos al capítulo de inversiones.
Así las cosas, la alcaldesa cogía las riendas de una ciudad en la que había que administrar los mismos servicios y pagar las deudas con menos recursos; donde lo que importaba de su mandato era la gestión de esos recursos a la baja y en la que no podría presentar una serie de logros visibles, porque al no tener capacidad de inversión, difícilmente podría ejecutar en la ciudad proyectos de esos que marcan la impronta de un alcalde, quiero decir, que según estaban, y están, las arcas no podría hacer un Madrid Río o algo parecido.
Dicho esto, Ana Botella ha sorprendido a quienes dudaban de su capacidad para regir los destinos de una ciudad que es la capital de España. No le ha temblado el pulso a la hora de llevar a cabo medidas duras e impopulares, a la hora de priorizar el mantenimiento de los servicios sociales por encima de otras iniciativas que podrían haber resultado más vistosas a los ojos del ciudadano, a la hora de hacer reformas internas en aras de mejorar la gestión económica, como me consta que no le va a temblar el pulso si tiene que llegar al fondo y tomar medidas por las responsabilidades que el Ayuntamiento de Madrid pueda tener en la tragedia del Madrid Arena, sin lugar a dudas el suceso más triste y lamentable en este año que está a punto de concluir. Yo creo que este año en la alcaldía le ha hecho a Ana Botella más fuerte en lo personal, más firme en lo político y más diestra en el espinoso asunto de gestionar los recursos.
TEMAS RELACIONADOS: