Opinión

Apalabrados

Viernes 28 de diciembre de 2012
Como suele decirse popularmente, la han liado parda. Hablo de los dos
diputados regionales, Bartolomé González y María Isabel Redondo,
que fueron sorprendidos por una cámara indiscreta en la menos discreta
aún acción de jugar a “Apalabrados” durante el debate de la Ley de
Acompañamiento de los Presupuestos Regionales de 2013. Es decir, que
estaban jugueteando en Internet desde sus escaños mientras en el salón
de plenos de la Asamblea de Madrid se debatía una de las medidas de
más trascedencia de la historia no sólo de la Comunidad de Madrid, sino
también de España: la privatización de la gestión de hospitales y centros de
salud.

Lo que hacían los dos diputados no es más que lo que habitualmente hacen
muchos otros, en parlamentos regionales y plenos municipales: leer el periódico, repasar documentos pendientes de firma, hacer llamadas por el
móvil o cualquier otra actividad. Por desgracia para todos, la democracia
se ha convertido muchas veces en una aburrida rutina en la que ya no
tomamos parte sino como comparsas. Atrás quedaron los tiempos en
que las batallas dialécticas eran encendidos cruces de argumentos, desde
campos ideológicos muy distintos, realizadas desde el respeto y la seriedad,
pero también desde el más sincero de los entusiasmos.

La actitud de los dos diputados ha sido, sobre todo, inoportuna. Ya se sabe
que más vale llegar a tiempo que rondar un año; dándole la vuelta al refrán,
ellos han cometido un error en el peor momento en que podían hacerlo. Las
redes sociales se han volcado en críticas contra ellos, e incluso el presidente
regional, Ignacio González, de su mismo grupo político, ha reconocido que
su actuación estuvo “mal”. Tendrán que dar explicaciones. Pero el mal ya
está hecho: una piedra más en ese muro que, cada vez más infranqueable,
se levanta entre la clase política y los ciudadanos de a pie.

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