Opinión

Optimista bien informado

Lunes 17 de diciembre de 2012
En ocasiones un pesimista no es otra cosa que un optimista bien informado. Confieso que estoy muy preocupado por la deriva que está tomando este país en su conjunto y nuestra ciudad en particular. Veo al gobierno de Mariano Rajoy desorientado, tomando medidas serias y severas que no producen buenas sensaciones en cuanto a la recuperación económica se refiere, que en vez de detener la hemorragia del paro, ésta se acentúa; medidas por dosis que administradas lentamente producen una psicosis de desconcierto, de enfado, de protesta, que se aderezan con actuaciones verbales inadecuadas del ministro de Hacienda o el anuncio de la ministra de Sanidad sobre el cobro del traslado en ambulancia, mientras las economías domésticas sufren cada día un mordisco dramático.

Aquí en Madrid me inquieta el nivel de conflictividad social, la toma de la calle por parte de quines no consiguieron ganar en las urnas y ahora conquistan la calle por la fuerza, conflictividad social en forma de movilizaciones, manifestaciones, huelgas y paros en los servicios públicos, como el la sanidad, donde las huelgas han obligado a retrasar 4.000 intervenciones quirúrgicas. Y ahora los paros en Metro y autobuses. Y si los usuarios del Metro tenían poco con aguantar esos paros, alguien puso el pasado jueves más de sal y vinagre en la herida, protagonizando sabotajes y poniendo a cientos de viajeros al borde de un ataque de nervios en la inquietante oscuridad de un túnel. Esto es impresentable, inadmisible y condenable desde el punto de vista legal. Hay que buscar al culpable o culpables de estos sabotajes que ponen en riesgo la seguridad de las personas, a estos insaciables depredadores de los derechos colectivos, que no contentos con que los usuarios del Metro se vean afectados por los paros, provocan actos de sabotaje que, insisto, ponen en riesgo la seguridad de los viajeros. Si se consigue detener al culpable, o a los culpables, el castigo debe ser ejemplar.

El pasado viernes los paros en el Metro y los autobuses del EMT sumieron a esta ciudad en un caos de tráfico extraordinario. Ayer domingo, la marea blanca de las batas de la sanidad volvió a colorear el asfalto, y se pusieron bata blanca los profesionales de la sanidad, los oportunistas que se dedican a otras labores menos limpias y hasta algunos antisistemas, siempre dispuestos a pescar en mareas blancas, rosas o negras. Eso sí, como bandera de la defensa de la sanidad pública, la republicana, ayer ondeando en medio de la marcha reivindicativa.

TEMAS RELACIONADOS: