Social

El sacerdote que acogía drogadictos

El Padre Garralda teme que si continúan los recortes a ONG contra la droga se vuelva al panorama de los 80, "la época de los atracos"

Lucía de la Fuente | Martes 11 de septiembre de 2012
Jaime Garralda (El Escorial, 1921) lleva toda la vida trabajando con "drogatas". Es sacerdote jesuita y "defensor de los marginados". Hace más de 30 años fundó la ONG Horizontes Abiertos para ayudar a la inserción social de exreclusos. Hoy vive en el centro de rehabilitación de drogodependientes que su fundación dirige en Las Tablas (Fuencarral-El Pardo).

Su despacho está plagado de premios en forma de 'estatuillas' y diplomas. "Me los han dado todos", reconoce, sin falsas modestias. Uno de los últimos fue la medalla de oro de Madrid, distinción que otorga el Ayuntamiento de la capital cada 15 de mayo. El que enseña, sin embargo, es el que le entregó la Fundación Real Madrid en 2010. "Fui la primera persona a la que premiaron", dice sin esconder que es un forofo madridista.

Los premios no le caen del cielo. Lleva más de tres décadas asistiendo a personas sin recursos, a drogodependientes, a expresos. Durante 16 años vivió en el poblado de chabolas del Pozo del Tío Raimundo, siendo testigo directo de todo tipo de miserias. Una de las que le marcó, por "la rapidez con la que destroza una vida", fue la droga. "En esa época a los drogadictos no se les consideraba  enfermos, que es lo que son, y por tanto, no tenían derecho a tratamiento médico".

Su trayectoria le permite tener un amplio conocimiento de esta problemática y  ver cómo cambiaba el perfil de persona a la que presta ayuda. "Antes el drogadicto era un chico joven, peleón, que para consumir a veces tenía que usar navajas, ten en cuenta que un gramo de caballo podía costar 16.000 o 18.000 pesetas, que era muchísimo dinero", recuerda el nonagenario. Ahora en cambio el toxicómano clásico es "una persona ya adulta, madura, que consume de todo, y más barato". Otra diferencia, fundamental, es que antes muchos "se morían". Ahora, muchos, "se curan". Eso sí: con tratamiento. "Sin tratamiento no se cura nadie", afirma tajante el padre.

Un hogar para desintoxicarse
Garralda reside actualmente en el centro que su fundación tiene en Las Tablas, en el distrito de Fuencarral-El Pardo. El inmueble, destinado a la rehabilitación de drogodependientes, se levanta sobre una parcela de 10.500 metros cuadrados cedida por el Consistorio madrileño y construido a cuenta de Obra Social Caja Madrid. Fue inaugurado en enero de 2011 por el exalcalde y actual ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, en un acto en el que asistieron, entre otros, el expresidente de Bankia Rodrigo Rato o la infanta Pilar de Borbón. Tiene una capacidad para 80 usuarios. Allí se desarrollan talleres ocupacionales, terapias individuales y grupales y actividades deportivas y de ocio.

Todas las estancias son muy luminosas. Garralda dice que se pidió que fuera así para evitar la "marginación": "La mayoría viene de tugurios, necesitan luz". Además, abundan los espacios comunes con sofás para sentarse a charlar, televisión, juegos de mesa y hasta un futbolín. Los dormitorios son para dos o tres personas, nunca individuales. "No hay que dejar que duerman solos, este tipo de enfermos en la soledad se comen mucho el coco", explica el religioso.

Recortes
Con la crisis, un problema que se está encontrado la ONG y que la está poniendo en una situación "muy difícil" son los recortes en las subvenciones que reciben de las administraciones públicas. El padre Garralda no es nada optimista en este aspecto: "Si esto sigue así volveremos a la época de los atracos, a que 'se vea' la droga. Si al drogadicto le echas, se quedará en la calle. Y en la calle tendrá que robar".