Opinión

Cuesta de septiembre

Ángel del Río | Lunes 03 de septiembre de 2012
La tradicional cuesta de enero será un pequeño desnivel comparado con este puerto de primera categoría, esta subida a la cuesta de septiembre. Hemos inaugurado curso urbano, político y sindical con los precios por las nubes, consecuencia de esa subida del IVA, el acrónimo que envenena los sueños de recuperación doméstica y empresarial. Todo nos cuesta más caro desde el mismo día 1, y resulta que la cuesta se nos antoja más empinada después de empezarla con las fuerzas muy justitas, casi sin fuerzas económicas.

Ya han vuelto de sus lugares de vacaciones los políticos y los sindicalistas, que también tienen derecho a disfrutar del ocio con el sueldo que les pagamos entre todos, incluidos los parados. Y regresan todos como pájaros de mal agüero; unos, los políticos, auguran un invierno duro, muy duro, durísimo; otros, los sindicalistas, nos advierten de un otoño caliente, muy caliente, calentísimo, con manifestaciones, huelgas y todo lo que sea ponérnoslo más difícil para movernos libremente.

Agosto ya ha sido bastante caliente por culpa de los incendios forestales y del verbo inflamado de algunos demagogos que ha buscado beneficio interesado entre las hectáreas calcinadas. En la Comunidad de Madrid, entre Robledo y Valdemaqueda, hemos sufrido uno de los incendios más importantes de los últimos años. El socialista Tomás Gómez, que ha ejercido de crítico general de guardia durante agosto, enseguida sacó petróleo de entre las llamas, y culpó del sinistro al gobierno regional por haber hecho recortes, incluso calificó a Esperanza Aguirre de “terrorista medioambiental”.  Gómez, ese hombre que pocas horas después enmudecía repentinamente cuando un brutal incendio se desencadenaba en la Andalucía turística, donde los recortes también habían diezmado los recursos. No dijo nada, no buscó culpables, porque de haberlo hecho como lo hizo en Madrid, se hubiera encontrado con compañeros de su partido en el gobierno de la junta de Andalucía. Cosas de políticos, a los que ni el verano ni las circunstancias han cambiado.

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