Ángel del Río | Lunes 25 de junio de 2012
Si no fuera por el deporte, moriríamos de melancolía. Frente a la prima de riesgo, tenemos a nuestros primos de zumosol, que son los chicos de la roja, más fuertes que esos franceses que querían intimidarnos con su arrogancia.
Frente a la crisis de la banca, de nuevo el color rojo de Fernando Alonso rompe la banca de favoritos, parte de saldo cero y se lo lleva todo en Valencia.
El deporte español viene al rescate de nuestros duelos y quebrantos. Si en la economía estamos en puestos de descenso, en el deporte jugamos la Champions. Un día es Rafa Nadal el que sube nuestra cotización en el estado de ánimo, y otro es la selección española de fútbol la que llega a semifinales, con dos goles de Xabi Alonso, y para redondear el fin de semana, otro Alonso, Fernando, gana el gran premio de Europa en el circuito de Valencia, saliendo desde la undécima posición y protagonizando una carrera que terminó siendo una gesta heroica.
Al menos, en medio de la zozobra y el pesimismo, podemos llevarnos unas cuantas alegrías para el cuerpo gracias a nuestro deporte, que conoce su edad de oro, frente a la economía, que vive su edad de chatarra. En el deporte influyen muchos factores para la victoria final, pero el principal es el deportista. En la economía ocurre algo parecido, donde el principal actor es el político. A lo mejor es que desde hace mucho tiempo en este país nos faltan políticos de élite, de primera línea, para conseguir éxitos, o al menos, para no seguir perdiendo.
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