Pedro Fernández Vicente | Miércoles 23 de mayo de 2012
El otro día recibí una denuncia de tráfico que me acusaba de no pagar en zona azul o verde, no recuerdo en cual de la dos. Según la denuncia había dejado el coche aparcado a las 19:59. Es decir un minuto antes de que se terminase la hora de zona limitada que, como todos los conductores saben, acaba a las 20:00. El Ayuntamiento de Alcobendas, municipio en el que ocurrió, ya ha exhibido formas muy parecidas de recaudar dinero sin importarle en absoluto la ley de seguridad vial ni zarandajas de esas. Utiliza las multas como simple argumento de recaudación, sin complejos y con desprecio al motivo por el que se han hecho leyes tan importantes para la seguridad de los conductores como todo el entorno del automóvil.
Pero no pretendo entrar a juzgar ahora a los gestores municipales con su alcalde a la cabeza. Ya habrá tiempo para ello porque, créanme, merece la pena. Pero si quiero utilizar el tráfico y la persecución que sufrimos los conductores, como ejemplo del significado de los errores.
Desconozco si circular a 55 kms. por hora en una zona donde está limitado a 50 es un error, una mala decisión involuntaria, una falta o sería un delito, pero lo que sé es que cualquier incumplimiento se paga, sin la más mínima tolerancia. Si la misma dureza con que nos tratan a los conductores se aplicase a otras disciplinas, en las que estaría más justificado, las cosas cambiarían notablemente. Por ejemplo en esos desvíos de dinero que con tanta frecuencia observamos en el mundo de la política. Eso que denominamos como corrupción. No estaría mal que como primer castigo hubiera multas de acuerdo con las cantidades que, supuestamente, se han llevado. Que tuvieran que devolver hasta el último euro robado. Una decisión que no parece muy injusta.
Pero hay más. Tampoco estaría mal que quienes han tomado decisiones en su cargo político que han perjudicado notablemente a los ciudadanos tuvieran que dar algún tipo de explicación ante un tribunal. Un presidente, un ministro o un secretario de estado que aplican mal su responsabilidad deberían pasar por el trago de justificar su acción, al menos eso, aunque posteriormente no hubiera un castigo ejemplar, que sería más que merecido. Y no digamos esos Directivos de bancos en quiebra que cobran lo que cobran y encima cuando se marchan, porque no somos capaces de asumir más errores en su gestión, se llevan una indemnización millonaria.
Está claro que la sociedad no está bien equilibrada. Un pobre conductor que aparca a las 19:59 está obligado, según el ayuntamiento, a poner un ticket de 15 minutos que es el mínimo que le permite la máquina, o a pagar una multa injusta a todas luces, mientras el presidente del gobierno puede dejar el país en estado cataléptico sin que haya la más mínima consecuencia. Y lo mismo digo del máximo responsable de un banco que puede hacer un roto a la ciudadanía de miles de millones y encima se van con sueldo fijo para el resto de su vida.
Decididamente, los del 15 M llevan razón: esto hay que cambiarlo.
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