Opinión

"El Rafita", "El Ramoncín"...

Ángel del Río | Lunes 21 de mayo de 2012
María del Mar Bermúdez, la madre de Sandra Palo, se lleva un sofocón cada vez que ponen en libertad a uno de los condenados por la violación y asesinato de su hija. La desesperación, la impotencia, la rabia la llevan hasta la puerta donde uno de los asesinos de su hija empieza a gozar de la libertad absoluta, porque la ley está hecha de esa manera, y la mayor frustración de Maria del Mar, es no poder mirar a los ojos del asesino, decirle lo que piensa, hacer que vea en sus ojos el dolor de una madre que no olvida, porque la herida por el asesinato de su hija se ha ulcerado, no se cierra, destila escozor permanente. Los asesinos de Sandra Palo salen por la otra puerta a la que se encuentra María del Mar; o les sacan en furgoneta para protegerles de la mirada inquisitoria, del dolor latente de esa mujer que no entiende tanto desvelo por preservar a los que violaron, mataron y arrastraron el cuerpo de su hija.

Ya se ha reencontrado con la libertad plena el último de los menores que participó en aquella atrocidad, “El Ramoncín”, tras cumplir nueve años de condena. Salía ayer domingo de la cárcel de Navalcarnero, después de que el pasado día 9 el juzgado número 7 de menores diera por finalizada su condena de ocho años, más otros once de internamiento, y le eximiera de los cinco años de libertad vigilada que le quedaban por cumplir. “El Ramoncín” ya está en la calle tras cumplir 9 años; el juez le ha quitado los cinco de libertad vigilada, pese a que un informe de Instituciones Penitenciarias le calificó de “disocial”.

Los padres de Sandra Palo están indignados porque se deja en libertad a un peligro social; se sienten inseguros y con ellos el resto de la sociedad. Desde que otro de los condenados, “El Rafita”, fue puesto en libertad, ha cometido un  importante número de delitos. Cabe pensar que “El Ramoncín” siga el mismo camino, sobre todo cuando ese informe de Instituciones Penitenciarias le califica de “disocial”.

Lo que falla es la ley, la controvertida ley del Menor a la que el anterior gobierno no se atrevió a hincar el diente y que el nuevo gobierno de Rajoy tampoco se lo ha hincado, pese a ser una de sus promesas electorales. La ley del Menor no es la mejor ni la más adecuada a las circunstancias actuales; su interpretación deja muchas posibilidades y la aplicación de la generosidad parece excesiva en determinadas casos, lo que produce sufrimientos en las víctimas y en sus familias, daños quizá en los delincuentes, porque no se les reinserta en las debidas condiciones, y un peligro para la sociedad en su conjunto.

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