Ángel del Río | Lunes 14 de mayo de 2012
El que avisa no es traidor. Perros flauta, antisistema, indignados, indignantes, anarquistas, gentes de buena fe, curiosos, soñadores, vividores y algunos delincuentes ya avisaron que no iban a respetar los horarios impuestos por la Delegación del Gobierno para sus concentraciones en Sol. Después de que el juez refrendara los horarios decretados, los que conforman el movimiento 15M volvieron a insistir en que no cumplirían esos horarios y se irían de la Puerta del Sol cuando les viniera en gana. El que avisa no es traidor, y en este sentido, con su desobediencia civil, no traicionaron a nadie y se quedaron en Sol hasta que les apeteció irse.
En estos días se está elogiando la forma en que la policía ha actuado en este asunto, evitando situaciones drásticas, enfrentamientos desproporcionados y desenlaces no deseados. Son ciertos el equilibrio y la prudencia policial, pero claro, cuando a los indignados se les deja que se queden en Sol hasta que les da la gana, cuando no se interviene para impedir que incumplan la ley, lo dictaminado por la Delegación del Gobierno, pues no se producen situaciones de fuerza. Si la parte que tiene que garantizar el orden y el cumplimiento de ley, no interviene contra la otra parte que lo incumple, naturalmente no se producen situaciones tensas, pero al resto de la ciudadanía se la deja en al indefensión. Lo que está ocurriendo estos días en la Puerta del Sol es un peligroso precedente, porque a partir de ahora todos los que pidan permiso para manifestarse de tal a cual hora, podrán quedarse las horas que les venga en gana porque no van a ser inquietados por la policía, porque nadie les va a obligar a cumplir la ley, si es menester, por la fuerza.
Se está destacando la mano firme y ponderada de la delegada del Gobierno con el movimiento 15M. Cristina Cifuentes está haciendo una gran labor desde que tomó posesión de su cargo, pero creo que en este asunto no acierta. Primero no debió autorizar una concentración de varios días en un punto neurálgico de la ciudad, sobre todo cuando los convocantes anuncian que no van a cumplir los horarios dispuestos por la Delegación del Gobierno. Esto es suficiente para no autorizar el acto, incluso la delegada tiene la potestad de derivarlo a otro emplazamiento donde produzca menos trastornos y perjuicios a viandantes y comerciantes. Los convocantes no han cumplido, han desobedecido, han llevado a cabo sus amenazas y a cambio han recibido un trato exquisito y comprensión por parte de la autoridad y de los medios de comunicación, que con tanto espacio y dedicación estamos dando un extraordinario protagonismo mediático a un movimiento sin nombre y apellidos, que se conoce bajo el alías de 15M.
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