Social

Un hogar para convalecientes sin recursos

El centro de acogida Carmen Sacristán, en Las Tablas, cuenta con un módulo para 'sin techo' que se recuperan de alguna enfermedad

Lucía de la Fuente | Martes 08 de mayo de 2012
Mabel no puede separarse de su mochila de oxígeno. Padece bronquitis asmática y EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) de segundo grado. Sus pulmones solo rinden al 30 por ciento de su capacidad. Además, no tiene casa y sus medios económicos se limitan a la Renta Mínima de Inserción (RMI). Ahora trata de recuperarse en un centro de acogida.

A finales de abril se inauguró en Las Tablas, distrito Fuencarral-El Pardo, el centro de acogida para personas sin hogar Carmen Sacristán, financiado por la Fundación RAIS y Obra Social Caja Madrid. Cuenta con seis viviendas con diez plazas cada una. Una de ellas brinda atención especializada a aquellos 'sin techo' que necesitan recuperarse de alguna enfermedad.

Es el caso de Mabel. Arrastra su enfermedad desde hace seis años. Antes vivía, "mejor o peor", en el piso su pareja. Hasta que un cáncer le mató en enero y, según cuenta, el mismo día del entierro sus familiares la echaron de casa, "con lo puesto". "No me dieron tiempo ni para coger mis cosas, fue de un día para otro, me quitaron la vida", recuerda emocionada.

Ingresó en La Paz días más tarde. "Me ahogaba", dice. Le explicó su situación a una trabajadora social y fue ella quien se puso en contacto con RAIS para solicitar plaza en el centro de Las Tablas. Y es que este nuevo recurso, en funcionamiento desde noviembre, es el único en Madrid que dispone de diez plazas específicas para 'sin techo' que requieren cuidados y atención médica durante un periodo de convalecencia.

"Los usuarios llegan aquí después de una hospitalización, una intervención quirúrgica o que tienen que realizar rehabilitaciones físicas o, por ejemplo, tratamientos oncológicos", afirma el gerente del módulo, Daniel Fábregas. "Si continúan en la calle o en un albergue es posible que tengan muchas dificultades para seguir con la medicación, aquí sin embargo se encuentran en un entorno más agradable en el que poder culminar su tratamiento y mejorar su salud", añade.

El centro da, efectivamente, sensación de hogar. A diferencia de los albergues tradicionales, allí los usuarios cuentan con cocina, salón, baños y habitaciones dobles o individuales. Además, Mabel explica que el día a día es "como en una familia". "Hacemos la compra todos juntos por internet, cada día cocina uno, vemos la tele en el salón... acabas cogiendo cariño a la gente, te da pena cuando se va alguien", comenta. "Hemos hecho hasta un concurso de tartas contra las otras casas", agrega. Las "otras casas" a las que se refiere Mabel son los otros cinco módulos que dispone el centro, especializados en 'sin techo' que además padecen trastorno mental o adicciones, entre otros.

Fábregas dice que se han sorprendido con la "buenísima aceptación" que ha tenido el piso en sus primeros seis meses: "No damos abasto". Ahora se plantean acoger a quienes, encontrándose en situación de exclusión, tienen además diagnosticada una enfermedad terminal. "Es una necesidad que observamos desde que hemos abierto el proyecto porque, a día de hoy, no hay recursos específicos para personas sin hogar que requieren cuidados paliativos", afirma el gerente.

La incorporación al recurso es voluntaria se pide, eso sí, un compromiso de querer cambiar. Una vez en el centro, los usuarios llevan a cabo un programa destinado a la mejora de su salud y otro a su futura integración social.