Juan Luis Yagüe | Martes 10 de abril de 2012
El desarrollo de la persona, especialmente durante la infancia y la adolescencia, es un proceso continuo y dinámico abierto a intervenciones educativas. La alimentación es un proceso que nos acompaña a lo largo de la vida, a través de la cual obtenemos los nutrientes que nos permiten cubrir los requerimientos del organismo. Para que el desarrollo y el crecimiento tanto físico como mental se produzcan de una forma adecuada, es imprescindible facilitar una alimentación que cubra las necesidades nutricionales propias de cada edad.
El acto de comer, además de un proceso nutritivo, tiene importantes connotaciones de convivencia, proporción de placer, relación afectiva, identificación social y religiosa, que a la larga configuran el comportamiento alimentario y que pueden repercutir en el estado de salud del individuo. Es conveniente que la educación nutricional prevea el conocimiento y el aprovechamiento de la gran variedad de productos y preparaciones que son propias de nuestro país. Conviene potenciar aspectos que incidan en la recuperación de la alimentación mediterránea, esto es, favorecer el consumo de cereales, fruta, frutos secos, verduras, legumbres y pescado, así como adoptar hábitos alimenticios estructurados.
El actual modelo de vida familiar hace que cada día sea más numerosa la cantidad de niños que hacen uso del servicio de comedor escolar. De todas formas, cabe recordar que el primer aprendizaje alimentario y el más importante se produce en el núcleo familiar. Así pues, el comedor escolar se convierte en un espacio donde llevar a cabo la educación alimenticia, en coordinación con la familia.
Es importante que los responsables del servicio de comedor puedan valorar la idoneidad de la programación de menús que ofrecen, tanto desde del punto de vista nutricional como del sensorial, así como garantizar una ingesta adecuada en el marco de unos hábitos alimenticios saludables, siempre en colaboración con la familia.
Para programar una alimentación saludable y sensorialmente satisfactoria, hace falta conocer las posibilidades nutritivas y de uso de los diferentes alimentos, que a menudo se clasifican en grupos de acuerdo con los nutrientes que contienen, y por eso es conveniente incluir en la ingesta diaria alimentos de todos los grupos.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que, del total de la energía ingerida, un 50-55% sea aportado por los glúcidos o hidratos de carbono, un 30-35% por lípidos o grasas y un 12-15% por las proteínas.
Es importante que no exista un intervalo de tiempo demasiado grande entre las comidas. Se recomienda un reparto de los alimentos en cinco comidas diarias: tres principales (desayuno, comida y cena) y dos complementarias (una a media mañana y otra, la merienda, a media tarde). La presencia de los diferentes grupos básicos de alimentos, bien distribuidos a lo largo del día (de una forma adecuada a las actividades que de desarrollan durante la jornada), permitirá mantener una alimentación equilibrada, completa y satisfactoria.
La estructura y la planificación de los menús tiene como objetivo facilitar una ingesta saludable a través de una oferta suficiente, equilibrada, variada y adaptada a las características y necesidades de los comensales, a la vez que agradable.
Procurando una buena variedad tanto de alimentos como de tipos de preparaciones y presentaciones, el comedor escolar puede favorecer el crecimiento y el desarrollo de nuestros pequeños, así como el proceso de aprendizaje de hábitos y diversificación alimenticia, ayudando a los comensales a identificar la comida y su entorno como un proceso agradable y satisfactorio.
Es necesario facilitar a las familias las programaciones de los menús con antelación para que así, desde casa, se puedan complementar las comidas y se evite la repetición.
Es también importante adecuar los menús a las necesidades del alumnado y que éstos tengan en cuenta el correcto equilibro dietético. Hay que tener especial atención a los menús de niños con trastornos del aparato digestivo, intolerantes al gluten, a la lactosa, diabéticos o con algún tipo de alergia alimentaria, intentando adaptarles el menú y que sea lo más parecido al de sus compañeros.
En definitiva, el comedor escolar debe ser una valiosa herramienta para introducir, de forma progresiva, nuevos alimentos dentro del proceso de educación del paladar y del placer de comer. Además, ayuda a potenciar comportamientos y habilidades que facilitan la destreza y las actitudes para comportarse en la mesa. Permite también desarrollar hábitos de higiene y favorecer los aspectos de convivencia y de relación social del acto de comer.
Juan Luis Yagüe del Real es el director del Eurocolegio Casvi