Opinión

100 días de una alcaldesa

Milagros Hernández | Domingo 08 de abril de 2012
  

La alcaldesa, la primera mujer que ocupa este puesto en una ciudad como Madrid, debería hacerse notar en algo que es mujer… Sin embargo, está ocupando su papel con mucha prudencia; tanta, tanta que no se diferencia nada de sus antecesores, ni del guión escrito para ella desde Génova.

No voy a hablar de lo que ha hecho porque…casi todo se lo han hecho. Le han traído las medidas de reajustes y lo ha hecho, le han traído las propuestas de pago a los  proveedores  y lo está haciendo… le han traído los presupuestos y los recortará…
 
A mí me gusta más hablar de los políticos de este momento por lo que no hacen y que podrían hacer, por que todo político tiene un margen de maniobra que es su particular forma de servir a los ciudadanos y si no la utilizan son unos políticos sin horizonte, sin identidad, sin ilusión en definitiva ¿Qué no ha hecho Dª Ana?

Pues doña Ana no ha creado una forma de gobernar femenina… ese feminismo maternal y protector que ayuda a los más necesitados. No se ha movido un ápice en las políticas sociales que disminuyen mientras las familias ven como el sistema de servicios sociales no sirve para ayudarles en los peores momentos.

Doña Ana no ha presentado batalla en la defensa del Gallinero, zona de chabolas donde los niños parecen del tercer mundo y los contenedores de recogida de basura parece que no llegan, como no llega el agua, la atención social necesaria o la solución definitiva.

Doña Ana no presenta batalla frente a Eurovegas, cuando sabe que eso es un negocio ya con el fracaso anunciado y con valores ajenos a su propia formación religiosa cristiana.

Doña Ana no acaba de cerrar las duplicidades con la Comunidad de Madrid y espera a que su jefa ordene si le interesa seguir o parar.

Doña Ana no sabe qué hacer con el aire tan contaminado de Madrid y reza todos los días para que la lluvia, como milagro del cielo, solucione este problema.

Doña Ana no es sensible a las personas drogodependientes, a las que deja sin recursos y condena a la calle, la cronicidad y la desprotección.

En definitiva, creo que Doña Ana ha dejado su caridad  para ir a rezar al Papa a Roma y pedir perdón por lo que no hace… Tal vez le pide perdón porque no se arriesga lo suficiente y en su falta de valentía prefiere servir a las grandes potencias internacionales creyendo que así es mejor en política.

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