Ciencia y tecnología

Caballos moteados en el paleolítico europeo. ¿Reales o imaginarios?

madri+d | Lunes 26 de marzo de 2012
¿Pintaron los artistas paleolíticos los animales tal y como eran? Un equipo de investigadores que incorpora a un miembro de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), abordó recientemente esta cuestión en el caso del caballo. Análisis de ADN antiguo demostraron que las poblaciones de caballos salvajes del Paleolítico europeo presentaban los tres tipos de libreas  representadas en el arte parietal franco-cantábrico, incluyendo el denominado “moteado leopardo” que se presumía resultado de la domesticación acaecida milenios más tarde.

Las representaciones de animales en el arte paleolítico albergan la potencialidad de proporcionar información clave sobre el medioambiente en el que vivieron los humanos hace miles de años. La validez de esta información está condicionada a que dicho arte refleje fielmente realidades pretéritas, lo cual no siempre queda claro. De hecho,  hoy como ayer, la polémica sobre los motivos que subyacen a estas expresiones artísticas —y, por ende, el grado de realismo que las mismas reflejan— continúa siendo objeto de acalorado debate.

Los caballos pintados hace 25.000 años en las paredes de la Cueva de Pech-Merle (Francia) han focalizado recurrentemente este debate. ¿Son reales sus motas o sólo elementos simbólicos dentro de una composición pictórica más amplia? Hasta hace poco tiempo, esta cuestión continuaba estancada ante la imposibilidad de superar el marco teórico del análisis. Se sabía, por ejemplo, que este moteado guardaba mucho parecido con una librea de algunas razas caballares, como la Knabstrupper, denominada “moteado leopardo” pero, dado que tal fenotipo era desconocido en caballos salvajes, los estudiosos decidieron que tales manchas sólo representaban elementos abstractos de la composición.

Tal teoría deberá ahora revisarse a la luz de los resultados publicados a finales de 2011 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). En este trabajo, seleccionado por PNAS como una de las 10 “top stories” del 2011, participaron investigadores de centros de Alemania, Reino Unido, Rusia, México y los Estados Unidos, así como un centro de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), el Laboratorio de Arqueozoología del Departamento de Biología.

Estos investigadores genotiparon y analizaron nueve loci del ADN nuclear responsables de la coloración del pelaje en 31 muestras de caballos salvajes prehistóricos. Las  muestras procedían de 15 localidades de Siberia, Europa central y occidental y la Península Ibérica y abarcaban un amplio lapso temporal que discurría desde el Paleolítico Superior a la Edad del Cobre (35.000 – 5.000 BP).

Hasta ese momento, las investigaciones de este mismo equipo, también con aportación del citado laboratorio de la UAM, habían evidenciado que los caballos salvajes presentaban dos tipos de libreas, la baya y la negra. De éstas, sólo la primera perdura actualmente en el caballo salvaje o de Przewalskii.

En el estudio publicado en PNAS, la investigación reveló que, si bien ambas libreas continuaban dominando las muestras analizadas (e.d., 18 animales bayos y 7 negros), casi una quinta parte de los caballos presentaban el fenotipo LCS (Leopard Spotting Complex), que genera libreas moteadas y se consideraba producto de la selección artificial operada en el caballo tras su domesticación. Este fenotipo LCS presentaba así mismo un largo “recorrido temporal”, detectándose en cuatro muestras Pleistocénicas y otras dos de la Edad del Cobre, pero geográficamente se encontraba restringido al subcontinente europeo al no haberse registrado ningún caso entre las muestras siberianas.

Estos datos constituyen la primera evidencia fehaciente de que el moteado es un patrón de coloración que existía, cuando menos, 15.000 años antes de que el caballo fuese domesticado.

El hecho de que durante el Paleolítico Superior caballos moteados vagasen por Europa, y sólo por Europa, apunta a que los moteados de Pech-Merle constituyen un reflejo de esa realidad pretérita que tanto ansiamos conocer. En realidad,  no se trata de un caso aislado. El caballo negro con manchas blancas en el friso de los caballos de  Lascaux (Francia), el blanco con motas negras de la Cueva de La Pileta (Málaga) o los moteados  de Montespan y Mayenne-Sciences (Francia), apuntan a que nos encontramos ante un patrón recurrente en el que, hasta la fecha, no se había reparado. Por otra parte, el que no existan representaciones de caballos moteados fuera de Europa coincide con la ausencia de fenotipos LCS en las muestras siberianas.

Por todo ello, los datos del estudio reseñado apuntan a que los cazadores paleolíticos de Europa occidental reflejaron fielmente en su arte parietal los tres tipos de libreas caballares que ahora la paleogenética nos confirma existieron en aquel momento y lugar.