Viernes 23 de marzo de 2012
Se lo crean o no, he conocido los resultados de una investigación que asegura que las mujeres disfrutan en los gimnasios, y con determinados ejercicios, hasta el punto de llegar al orgasmo. Lo han descubierto, como siempre, los americanos. El estudio lo han realizado en la Universidad de Indiana y el trabajo se ha publicado en una edición especial de la revista Sexual and Relationship Therapy, que está dedicada a la salud sexual.
La ciencia nos sorprende con cada cosa que empieza a ser preocupante, sobre todo, por el tema que me trae a estas páginas. Y lo es más porque soy hombre, heterosexual, casado y jamás me hubiera planteado que mi mujer me pudiera estar engañando cuando se va al gimnasio. Pero no porque sustituya la clase de spinning por la compañía de un cubano más o menos dotado intelectualmente y de lo otro para hacer feliz a la mía y a cuantas se le pongan por delante. No. La ciencia ha venido a modificar mi tranquilidad de esposo feliz al asegurar que las mujeres en el gimnasio sienten el placer sexual y que llegan al orgasmo sin necesidad de un hombre ni siquiera de la estimulación propia o ajena. Estoy aturdido, muy aturdido, porque no solo acompaño a mi esposa, día si y día no, a ese recinto perverso que ahora se denomina gimnasio, sino que he sido yo el que he insistido más allá de lo necesario para que se apuntase a las clases de bicicleta , a los estiramientos y a la realización de abdominales.
Es verdad que he notado variaciones en su afición por las salas de pesas pero jamás hubiera pensado que, ante la elección entre un sillín de bicicleta y mi compañía, me rechazara con tanta contundencia. Es cierto que le costó mucho dar el paso para iniciar sus clases de mejora física para mantener el peso pero ahora no se las pierde ni por las reuniones de padres en el colegio de los niños. Eso que a todas las madres les llama tanto la atención. Pues ni por esas. Ahora siempre acude a la justificación de que el Gym es muy caro y hay que aprovecharlo.
Tengo que reconocer que, tanta afición repentina, me hizo sospechar en la competencia de algún profesor bien formado y moldeado, pero jamás se me ocurrió pensar en que los abdominales y su balanceo fuesen realmente los adúlteros.
Está visto que los hombres cada vez tenemos menos obligaciones y ni siquiera nos queda la esperanza de que en el mismo escenario y mientras ellas entren en trance nosotros podamos descubrir una nueva faceta del esfuerzo, que eso es lo que representa para los hombres el ejercicio físico.
¡Qué le vamos a hacer!
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