Sara Medialdea | Domingo 04 de marzo de 2012
Lo decía en este 12º Congreso regional del Partido Socialista de Madrid el diputado regional Antonio Carmona: lo importante es centrar todos los esfuerzos en “los 470 pasos” que separan la sede socialista en la plaza
de Callao de la sede del Gobierno regional, en la Puerta del Sol. Tomás Gómez tiene esa tarea titánica por delante.
Porque el problema no son los cuatrocientos y pico pasos, sino los setecientos y pico mil votos que separan al PSOE del PP, partido que lleva tantos años al frente de las instituciones madrileñas que algunos políticos de la oposición nunca han conocido otro escenario.
Tomás Gómez es el líder. Consiguió el apoyo de la mayoría. Su informe de gestión fue aprobado. Y la alternativa resultó doblegada, a pesar de la recomendación “con campanillas” que la acompañaba. Pero los números
merecen una reflexión, y el primero que debe hacerla –que la hará, porque estoy segura de su inteligencia- es el propio líder del 60 por ciento de los socialistas madrileños.
A saber: cuatro de cada diez delegados no apoyaron el informe de gestión, ni la gestión por tanto, de su secretario general. Cuatro de cada diez prefirieron optar por una candidata alternativa que apenas llevaba 15 días haciendo campaña. Cuatro de cada diez representantes de los socialistas querían un cambio. Y un 40 por ciento es un porcentaje que se acerca peligrosamente a la mitad de algo; o lo que es lo mismo, supone de hecho que el Partido Socialista de Madrid está partido en dos.
Tomás Gómez es especialista en ganar contra el poder. El problema es que sólo le funciona en el seno de su propio partido: se enfrentó a Rodríguez Zapatero –al plantarse como alternativa en las primarias contra Trinidad
Jiménez- y ganó. Se ha enfrentado ahora a los deseos de cambio renovación del nuevo equipo federal, con Pérez Rubalcaba al frente, y ha vuelto a ganar. La prueba de fuego vendrá en 2015, cuando deba combatir no bajo
fuego “amigo”, sino contra un contrincante popular. Se verá entonces si, primero, su partido cuenta con él para esa responsabilidad, y segundo, si él es capaz de superarse a sí mismo en ese reto. De lo que haga en los
próximos días, semanas y años –con sus partidarios y sus detractores- dependerán ambas variables.
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