Juan Luis Yagüe | Jueves 23 de febrero de 2012
Estamos frente a la primera generación de niños que ha nacido con la tecnología de la mano. La han incorporado a su vida de una forma normal e inconsciente, sin tener que hacer ningún esfuerzo. Internet, los smartphone, todo tipo de gadget tecnológico, lo asimilan como un fenómeno normal, integrado en su día a día. El salto de la generación de los padres a los hijos ha sido en este aspecto abismal. En unos pocos años, los primeros han visto como casi se les escapaba de las manos tanta innovación y han tenido que subirse al tren tecnológico para no quedarse atrás. Sin embargo, nuestros niños están mucho más acostumbrados a moverse en estos ámbitos e incluso en algunos casos ejercen de pequeños profesores tecnológicos.
Uno de los fenómenos que ha comportado internet ha sido el de las redes sociales. Éstas tienen diferentes nombres como Facebook, Twitter, Tuenti o MySpace, y permiten a los internautas estar conectados con sus amigos, compartir enlaces y fotografías y jugar. Son, en esencia, la extensión de la vida social de sus usuarios. En algunos de estos sitios existe un mínimo de edad (normalmente 14 años) para poder darse de alta. Sin embargo, se ha comprobado que la edad en la que los niños empiezan a usar este tipo de redes es cada vez más precoz, a veces empezando a los 7 años.
Que la tecnología esté tan al alcance de nuestros niños y que éstos sean capaces de usarla, no significa que estén preparados para usar estas plataformas de una manera consciente, racional y adecuada.
La incorporación a las redes sociales ha comportado un cambio de hábitos comunicativos entre los adolescentes en los últimos años. Los jóvenes se explican su día a día a través de la red. Todo esto a través del móvil y del ordenador. Estos servicios ofrecen diferentes formas de interactuar, sin la necesidad de verse físicamente cara a cara, y esto es posible hacerlo con los amigos de la escuela pero también con los que se encuentran en cualquier parte del mundo.
Es por esto que las redes sociales tienen ventajas, pero también inconvenientes. Hay que educar a nuestros niños para que tengan precaución a la hora de introducir datos personales en internet y para que aprendan a proteger su identidad. De otra forma, todo lo que digan, comenten, sus fotografías y sus enlaces estarán a la vista de todo el mundo. Los niños tienen el conocimiento necesario como para publicar cosas, pero no siempre son lo suficientemente maduros como para entender las consecuencias.
Si el círculo de amigos que los niños cuentan en su perfil de red social es conocido, entonces la interacción con ellos, el descubrimiento de informaciones, el nacimiento de curiosidad por conocer más a raíz de algún enlace compartido, todo esto, ligado al conocimiento de cómo hacer un uso adecuado, comporta un efecto positivo del uso de las plataformas. De otra forma, si se cuenta con muchos amigos “ no conocidos”, que no tienen ningún tipo de interés y que no aportan ningún valor añadido, entonces el efecto positivo del uso de dichas plataformas disminuirá, perdiendo los beneficios positivos de su uso. Puede convertirse entonces en una extensión de su vida social que no tenga nada que ver con su mundo real y que, añadido a la falta de protección en internet, puede incluso llegar a ser peligroso en edades tempranas.
Por tanto, recae en la función de los padres alertar sobre los peligros en la red y educar en el tema para prevenir situaciones indeseadas. Se trata de que los niños conozcan todos los riesgos al respecto y que sus acciones en la red pueden llevar a situaciones indeseadas. Una correcta educación sobre el uso de las redes sociales es, por tanto, fundamental.
Otro aspecto a comentar es el tiempo que los niños pasan conectados a estas plataformas. Es también deber de los padres controlar que éste no sea excesivo y, en ningún caso, adictivo. El poder acceder a ellas no tiene que ir en detrimento de las horas destinadas al estudio, a los deberes y al deporte. Como en todo, cada actividad debe tener su tiempo asignado y hay que procurar que el niño se desenvuelva de una manera sana y natural en sus tareas diarias, haciéndole entender que su círculo social y la gente que lo quiere están en casa, en la escuela, en el parque, y que las redes sociales pueden ser positivas pero no lo pueden suplir.
De todas formas, tratándose de edades tan tempranas la observación, por parte de padres y educadores sobre el uso que los niños hacen de Internet, es clave para su buen desarrollo.
Juan Luis Yagüe es director del Eurocolegio Casvi