En su declaración, el menor agredido que "en el momento de los hechos estaba borracho". "Estaba alterado por eso y tiré una papelera. Yo estaba nervioso y me dio por tirar otra papelera. En un instante, noté un golpe en la cabeza y caí al suelo. Oí que una voz me decía: así no vas a tirar más papeleras. Estaba inmovilizado y vi la sangre en un charco", ha recordado y ha indicado que le dieron varios porrazos en la espalda y le estamparon la cabeza contra el suelo.
Además, ha añadido que unos amigos le ayudaron, mientras que a otros les encañonaron con una pistola. "Cuando vi que eran policías, no me querían tocar. Nos pidieron la documentación. Ellos pretendieron limpiarme las heridas. Yo sabía que eso no era normal. No eran pandilleros, era la Policía", ha reseñado. "No sabía quién era, pero pensé que me habían pegado genial porque no podía moverme", ha apuntado.
"Cogieron la cabeza de Carlos y la estamparon contra el suelo", ha indicado uno de los amigos de la víctima, quien ha contado que los agentes les pusieron contra la pared y les encañonaron con un arma. "No me podía imaginar que fueran policías por el castigo por romper unas papeleras", ha reseñado.
Por su parte, uno de los agentes ha contado que el joven y sus amigos iban montando jaleo por la calle Serrano. "Vimos a cuatro jóvenes que estaban hablando fuerte y uno de ellos dio una patada a una papelera. Mi compañero le dio el alto, pero siguió rompiendo papeleras. Mi compañero le interceptó y los dos cayeron al suelo. Les identificamos y llamamos a una ambulancia por las heridas que presentaban", ha dicho y ha negado que la emprendiera a golpes con el chico, que a su juicio presentaba síntomas de haber bebido.Asimismo, ha explicado que no le detuvieron porque es la última medida que se toma y él había depuesto su actitud cuando cayó al suelo. "Yo intenté reducirle y no le di. Era repeler una agresión", ha dicho el agente. En la prueba pericial, los médicos forenses han confirmado que las lesiones que presentaba el chico eran compatibles con el uso de una defensa policial. Además, han dicho que los golpes se propinaron a "una cierta distancia".
Según el fiscal, los procesados se encontraban el 17 de enero del 2009 en el interior de una furgoneta de vigilancia de la Embajada de Estados Unidos en la calle Serrano. Los acusados, sobre las 4.40 horas de la madrugada, observaron cómo un menor comenzaba a dar patadas a varias papeleras. Sin dar el alto o recabar su identificación, se abalanzaron sobre el menor y comenzaron a propinarle golpes con sus defensas. Cuando el chico estaba tirado en el suelo, empujaron su cabeza contra el suelo y el joven resultó lesionado con hematomas, escoriaciones y diversas heridas.