Ángel del Río | Lunes 13 de febrero de 2012
Señora alcaldesa:
Andábamos dándonos golpes de pecho al conocer que pocos días antes de que Zapatero dejara el gobierno, se habían blindado contratos millonarios en Televisión Española, como una especie de hipoteca a la que debería subrogarse el gobierno de Mariano Rajoy. Apretábamos en la crítica a estas prácticas que consisten en dejar colocados, atados y bien atados a sus cargos y a sus puestos, a profesionales de confianza, cuando este fin de semana nos enteramos de que algo parecido ha ocurrido en el Ayuntamiento de Madrid, lo que viene a demostrar que las malas prácticas no tienen definición ideológica, sino intereses personales por encima de las siglas políticas que se defienden.
Nos hemos enterado de que, dos días antes de que Ruíz Gallardón fuera nombrado ministro, y en consecuencia dejara la alcaldía de Madrid, la empresa municipal Madrid, Arte y Cultura, renovó el contrato a nueve directivos por entre dos y cuatro años de vigencia, contratos con cifras millonarias. Entre los beneficiados por el salvavidas que arrojó la delegada de las Artes, Alicia Moreno, antes de que usted le dijera que no contaba con ella en su equipo de gobierno, están el director del Teatro Español, Mario Gas, amigo personal de Alicia Moreno, y la gerente del mismo, María Andura. Recordemos que este ha sido el teatro de los líos y de los escándalos desde que a su dirección llegó Mario Gas, el último: acoger una exposición fotográfica con alguna imagen ofensiva para los creyentes.
Otra de las agraciadas con la renovación in extremis para blindarles el futuro inmediato, ha sido Delia Piccirilli, la encargada de montar esos espectáculos de Navidad, Cabalgata de Reyes y Carnaval, que poco tenían que ver con la Navidad, los reyes y el Carnaval tradicionales, y que eran un derroche de gasto, además de las espectáculos luminosos, pomposos y disparados de precio que daba en celebrar y cobrar. A la nómina de renovados in extremis, hay que añadir el director de los Veranos de la Villa y la directora del Teatro Fernán Gómez; es decir, los amigos íntimos, los que han estado dirigiendo y gastando en los últimos años.
El sucesor de Alicia Moreno, Fernando Villalonga, ha puesto el caso en manos jurídicas, porque no está claro que estas renovaciones se realizaran conforme a derecho, pero en cualquier caso hay una responsabilidad política: la de la persona que autorizó esas renovaciones millonarias un par de días antes de que el alcalde dejara de serlo, y con él, como era previsible, su amiga, la delgada de las Artes.
Lo peor de este país es que en todas partes donde haya fuego, cuecen habas, ya sea en la casa común de la izquierda, ya sea en la corrala del centro-derecha.
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