Viernes 10 de febrero de 2012
Gobernar no es estar en la oposición, ni decidir es criticar. No hay más que empezar a gobernar para dejar entrever comportamientos que se ocultan en la oposición. Tomar decisiones es implicarse al cien por cien, someterse a la crítica, arriesgar. Quien decide se posiciona, elige una de las mil posibilidades a las que tienes acceso antes de la decisión. Es como poner una luz en la oscuridad. Criticar es otra cosa. Con esperar es suficiente. Anda que no hemos visto veces al actual Ministro de Educación censurar a unos y a otros, opinar sobre actuaciones determinadas. Pero ahora es distinto. Sus decisiones son susceptibles de otros debates de los que no siempre sale airoso, como en esto de los exámenes de los opositores. Y encima dice, el responsable de educación, que si él fuera opositor le gustaría que le hubiesen cambiado el programa. No merece ni un comentario. Estoy seguro que tiene sus razones para haber tomado esa decisión pero debería mostrar un poco más de respeto por quienes se han dejado una parte de su vida pegados a una mesa, hincando los codos, como se dice popularmente.
Y no es lo único que nos sirve de crítica hacia un ejecutivo que lleva escasamente dos meses al frente de esta España nuestra sumida en la mayor crisis económica que hemos conocido los de nuestra generación y posteriores.
Lo de Gallardón, diciendo lo contrario que el resto del PP sobre la Ley de matrimonios homosexuales, también suena un tanto extraño. Es de todos conocido que el ex Alcalde y ex Presidente de Madrid, no coincide exactamente con la doctrina popular, pero ha tardado tan poco tiempo en sacar los pies del tiesto que, la verdad, sorprende. Tanto es así, que, conociendo, políticamente claro está, al Ministro de Justicia como le conocemos quienes hemos seguido durante años la política madrileña, nos obliga a pensar. No me imagino a D. Alberto improvisando una declaración de esta guisa. Y si no ha sido improvisada es que algo hay escondido. Pocas veces yerra en esto de la comunicación. Esa duda me obliga a incluir en mis reflexiones una intención marcadamente política en las palabras del responsable de la justicia. Quizá desde las alturas hayan pensado que es mejor ir reconduciendo esa postura y nadie mejor que él para iniciar el camino más progresista.
Gobernar tiene estas cosas a las que no hay que darle demasiada importancia, como a las palabras del Ministro de Exteriores, sobre la próstata de Franco. Un comentario desafortunado a todas luces. Pero no se perdona. Las palabras dichas por los miembros del ejecutivo son difíciles de borrar y si son extrañas, como en este caso, más.
Y eso que acaban de empezar.
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