Estoy intentando pensar en frío los cambios que están sucediendo estos días en la política madrileña. Es curiosa la expectación que ha despertado
la sucesión en el Ayuntamiento de Madrid, cuando es un hecho que todo el mundo se imaginaba y que, en realidad, al ciudadano medio le importa bastante poco.
En el primer acto como alcaldesa de Ana Botella, los periodistas charlábamos de si alguien había publicado algo de importancia en estos días que no fuese Ana Botella y su Gobierno. El silencio casi generalizado mostraba que el periodista ejerce cada vez más de correveidile de los políticos y que está cada vez más acostumbrado a que estos piensen que le han puesto definitivamente la correa en el cuello.
Me dejaré de historias de periodista cebolleta y me centraré en el tema, que por la cantidad de protagonistas implicados parece la hidra política de las navidades. La primera fase del culebrón es que
Ruiz-Gallardón se ha ido.
Prometió que se quedaría como había hecho en los anteriores puestos de responsabilidad en Madrid, sí. Pero, como bien escribía en
su felicitación navideña, en la vida todo cambia. Y cuando se le pregunte, dirá que él no fue, que la culpa es de Rajoy. Que le llamaron a responsabilidades superiores. Guardando las distancias, me recuerda a esa frase que Jessica Rabbit decía en la película '¿Quién engañó a Roger Rabbit?': "Yo no soy mala. Es que me han dibujado así". Como dije antes, esto no entra en lo que podrían denominar inesperado.
Lo sorpresivo fue que se largase sin despedirse de la corporación municipal. Conociendo lo ceremonioso que es el nuevo ministro de Justicia, eso sí que es alucinante. Los concejales de la oposición se mostraban indignados ante lo que consideraban
irse a la francesa. Mientras, los ediles populares ya hablaban en la sesión plenaria del juicio que haría la historia a Ruiz-Gallardón en el Ayuntamiento. Decía Orson Scott Card en 'El juego de Ender' que no había que preocuparse por los hechos de hoy porque la historia siempre los analiza con 30 años de retraso. Curiosa cifra. Casi los mismos que restan para pagar la M-30. Esperaremos, pues, a ver ese juicio.
La segunda protagonista de la ecuación es Ana Botella, la gran beneficiada de este asunto. Fuera por un acuerdo entre Aznar y Ruiz-Gallardón, o por su extraordinaria capacidad política —tal y como la describen sus compañeros—, la verdad es que la primera alcaldesa de la capital de España (que ya iba siendo hora) ha despertado bastantes ilusiones. Trabajando en
su perfil me di cuenta de que, aparte de los patinazos que ha tenido, que han sido bien grandes y mayoritariamente centrados en declaraciones más que en hechos consumados, ha hecho cosas que hablan bastante a favor de su labor gestora. Hablo del poderoso aparato de atención social que ha dejado en herencia a su amiga Concepción Dancausa o de cómo ha desarrollado proyectos medioambientales vistosos que dejó preparados en cartera su predecesora Paz González. En el debe de los hechos queda, eso sí, su evidente fracaso a la hora de gestionar
la contaminación.
Pero más allá de su gestión, su desafío es político. Necesita convertirse en el elemento aglutinador de un nuevo grupo popular en el Ayuntamiento. Y lo tiene difícil. Se le van los primeros espadas de Ruiz-Gallardón (Cobo y
Bravo) y el resto del equipo de delegados, o está bien posicionado para obtener algún puesto en la administración general del Estado, o no tiene muy clara su continuidad. Tampoco le ayuda la cantidad de concejales fieles a Esperanza Aguirre que estaban fiscalizando la labor del exalcalde y que se quedan en Cibeles. En un momento en que la presidenta regional es la máxima 'afectada' en el Partido Popular por el Gobierno de Rajoy, Ana Botella va a tener que hacer uso de su diplomacia y contención para, por un lado, ganarse a la 'lideresa' y desbloquear varios asuntos enquistados con el anterior regidor; y, por otro, para convertirse en una tercera vía que acoja a los gallardonistas que no dan el salto a la política nacional y a los aguirristas más fieles a la línea del partido nacional.
El tercer lastre de la alcaldesa es que tiene comprometido crear
150.000 empleos, con
una deuda gigantesca y una administración que tiene que vivir día a día. Si opta por la vía continuista del proyecto de Ruiz-Gallardón, la acusarán de no ser más que la convidada de piedra de la fiesta municipal de su predecesor. Si cambia la política, se arriesga a no cumplir con el contrato que firmó en las urnas el PP con los ciudadanos.
Esperanza Aguirre comienza a jugar una nueva partida política con su amiga de juventud. Que acaben como aliadas o adversarias el tiempo lo dirá, aunque los choques están asegurados. En todo caso, será un juego de damas, probablemente más sutil que el llevado a cabo con Ruiz-Gallardón. Si la 'lideresa' frenaba los impulsos de éste de comerse una y contar veinte, con Botella va a estilarse más la estrategia lenta. Un ajedrez con jaques y enroques difusos, pero quizás más prácticos para las dos partes. La presidenta tiene el partido madrileño en un puño. Botella tiene todo el PP de cara y un tremendo ascendente en el Gobierno.
¿Y el Ayuntamiento? Pues el Consistorio está cerrado por reformas hasta que Botella imponga el nuevo orden. Las quinielas son infinitas. Hablan de que Pedro Calvo quiere irse y también de que aceptaría ser 'número dos' de Botella como delegado de Medio Ambiente, concentrando casi la mitad de la actividad municipal en sus manos. Alicia Moreno, según dicen algunos mentideros, querría irse. Algunos la colocan en teatros estatales y otros lejos de Botella, con la que no tiene buena conexión. Según dicen en el palacio de Cibeles, la amistad de la alcaldesa con Dancausa colocaría a esta última de número dos o tres. También hablan de que Miguel Ángel Villanueva y Pilar Martínez podrían ganar enteros como portavoces de los populares por su extensa experiencia previa. Lo que está claro es que la primera edil necesita un 'número dos' fuerte y que sea capaz de olvidarse de Ruiz-Gallardón por ella. Podría incluso venir de fuera (se hablaba de Percival Manglano, aunque el consejero no parece muy por la labor de dejar su cargo en la Consejería de Economía). Entre los concejales de distrito, suenan para ganar poder Ángel Garrido, Paloma García Romero, José Enrique Núñez, Luis Asúa, Álvaro Ballarín y Carlos Izquierdo.
En el Gobierno regional, hay calma chicha. El Ayuntamiento se lleva todos los 'flashes', pero la presidenta necesita hacer recambios y se le acaban los militantes leales y de valía.
Antonio Beteta ha seguido la línea nacional del partido. Lucía Figar está siendo tentada por su labor en Educación y varios viceconsejeros han comenzado a mover fichas para entrar de secretarios o subsecretarios de Estado.
El 'efecto dominó' en el PP ha comenzado y en apenas 15 días se sabrá el nuevo 'statu quo'. Siguiendo la línea argumental de Ana Botella, "con la que está cayendo" es importante que los políticos sean lo suficientemente responsables para olvidarse de sus intereses partidistas y buscar el bien para el que han sido elegidos: el de los ciudadanos.