Opinión

El nuevo sonido de la Navidad

Ángel del Río | Lunes 26 de diciembre de 2011
Dicen que la Nochebuena y la Navidad de este año han sido fechas más tranquilas, con menos incidentes y accidentes, con menos altercados, quizá con menos salidas y menos consumo de alcohol. Puede que la crisis tenga que ver algo con todo esto: si se bebe menos, se pendencia menos; se conduce menos con dos copas de más. En cualquier caso, bienvenidas sean esas cifras de Navidad, tranquila Navidad.

En estas fechas uno se pone especialmente nostálgico y evoca recuerdos de otros tiempos, que no necesariamente tienen que regresarnos a la niñez, simplemente a unos años atrás, cuando la Navidad tenía su propio sonido, un sonido típico, y en ocasiones hasta tópico.

Esa Navidad sonaba a pandereta, pandero y zambomba, a villancicos, a la llamada a la puerta pidiendo el aguinaldo. No he oído ninguna pandereta, pandero o zambomba llenando la calle de sonidos navideños. Me gustaría saber cuántos de estos instrumentos se han vendido este año. Eso sí, me he hartado y cansado de oír el sonido de la Navidad moderna: el de los petardos y cohetes, estrepitoso ruido que identifica a la Navidad de estos tiempos, en los que el estruendo sustituye al sonido que se extrae de la piel curtida. Y uno se pregunta, porqué cualquier celebración se acompaña de pólvora. Porqué la Nochebuena y la Navidad tienen que ser saludadas con petardos y cohetes que te sobresaltan, que estallan y rompen los tímpanos, que se activan en portales y puertas como una salutación festiva que maldita la gracia que tiene. Quizá por eso en estas fechas los buzones de nuestras casas se llenan de propaganda anunciando la venta de todo tipo de productos pirotécnicos que se despachan, sin tasa ni tino, generalmente en tiendas de chinos.

Es el sonido de la nueva Navidad, que no me gusta, que me sobresalta, que me hace recordar tiempos no tan viejos donde en vez de petardos y tracas había sonido de panderetas y zambombas. Quizá es que me estoy haciendo demasiado mayor, incluso viejo, y vivo más de nostalgias navideñas que de tracas modernas.

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