Opinión

Cambio de etapa

Sara Medialdea | Lunes 26 de diciembre de 2011
Cómo será el Ayuntamiento con Ana Botella a la cabeza es un misterio que sólo el tiempo se encargará de desvelar. Es no ya difícil, sino directamente imposible calibrar ahora en qué se va a convertir Madrid, cuál será la huella que deje en él la primera alcaldesa mujer que lo va a regir. A Ana Botella la conoce todo el mundo, y a pesar de ello, es una completa desconocida, un enigma por descifrar.

La persigue un estereotipo que va a costarle quitarse de encima. Una imagen desenfocada pero muy cómoda de asumir por todos aquellos que, de forma absolutamente visceral, la odian por lo que representa. Por ser la señora de Aznar. Por manifestarse como conservadora y católica. Por decir que no le gusta lo que no le gusta, aunque sea políticamente incorrecto. Y por decirlo como ella dice las cosas, con formas que no siempre son un acierto.

Pero Ana Botella es mucho más. Es militante del PP desde el año 79, pertenece al Cuerpo Superior de Administraciones Civiles del Estado, ha trabajado en los ministerios de Interior y Hacienda. Y lleva ocho años conociendo desde dentro la gestión municipal. Fijándose, aprendiendo, trabajando sin descanso. Como concejal de Servicios Sociales primero, visitó todos y cada uno de los centros de mayores y centros de día de la capital. Y después, como concejal de Medio Ambiente, ocupándose de una de las áreas que controla un mayor presupuesto, por ocuparse de las grandes infraestructuras en la sombra de la ciudad, las relacionadas con colectores, depuración y estanques de tormentas.

Ahora, le llega la hora de dar un paso al frente, de ponerse a la cabeza y lidiar al toro municipal en el año de las vacas más escuálidas que se recuerdan en mucho tiempo. Y puede que lo haga mal, puede que no acierte, que su gestión sea pobre o inadecuada, que Madrid retroceda. O puede que no. En todo caso, tiene derecho a intentarlo sin que se la juzgue ya antes de empezar sólo por ser quien es.

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