Opinión

Nombramientos

Sara Medialdea | Viernes 16 de diciembre de 2011
En estas fechas tan entrañables, en que periodistas y políticos nos empeñamos en marear la misma perdiz una y otra vez, no está de más recordar algunas anécdotas relacionadas con los siempre complicados momentos de ceses y nombramientos. Cada maestrillo, en esto de formar gobiernos, tiene su librillo. O su cuaderno, que de todo ha habido. El caso es que la elección de una persona para tal o cual puesto, y el momento en que el jefe del Gobierno decide comunicárselo, es algo tan subjetivo que es una lástima -periodísticamente hablando- que los detalles no trasciendan, por lo jugosos.

Sólo dos pinceladas para que se vea que esto que digo es tal cual: ambas se refieren al pasado reciente, tienen como origen el mismo presidente del Gobierno, y como fuente a personas muy cercanas, por entorno e ideología, a los afectados y, en ocasiones, al propio interfecto. Ahí van.

Uno: Tarde de cambio de gobierno, y de nombramiento de nuevos ministros. Los rumores incendian las redacciones, y todo son llamadas en busca de confirmación de lo que ya parece vox populi. Una persona muy cercana al entonces presidente, y que era sea tarde centro de muchos de esos rumores como inminente ministrable, comienza a recibir en su despacho decenas de llamadas de felicitación, e incluso algunos ramos de flores. Esta persona, humana y sensible, como todos, al halago, aguarda la llamada que le confirme el que es ya un clamor, mientras alguien de su equipo descorcha una botella de cava con la que brindan. La llamada nunca llegó.

Dos: En este caso, el propio presidente del Gobierno es el que informa al interesado: "Te voy a hacer ministro. Pero -le advierte- como lo filtres a alguien mientras vuelves a casa, antes de que yo lo anuncie, no te nombro". Tan preocupado por el aviso como impaciente por contarle la noticia a sus más allegados, el político telefonea a su mujer. "¡Me ha pasado una cosa importantísima, pero no puedo contártela!". La señora, como es lógico, le apremia a conocer datos. Y él, aguantando el tirón, termina encontrando la fórmula adecuada: "Mira, no te lo puedo contar; sólo te digo que esta noche vas a acostarte con un ministro".

TEMAS RELACIONADOS: