Ángel del Río | Lunes 12 de diciembre de 2011
Decir ¡Taxi! cuesta desde hoy más caro. Hoy han subido las tarifas un 1,63 por ciento y solicitar un taxi por teléfono tiene una tarifa de única de 5 euros, independientemente del lugar donde se encuentre cuando se le llama con respecto al sitio al que se le requiere.
La subida tarifaria, que en otros tiempos se dejaba para primeros de año, se adelanta de un tiempo a esta parte a antes de las Navidades para aprovechar la gran demanda que tiene este servicio público en estas fechas.
Cada vez que se habla de subidas de tarifas del taxi, el usuario se echa la mano a la cartera, si bien es cierto, que ha subido por debajo del IPC, pero ya se sabe que siempre hay un rechazo, aunque sea psicológico, a cualquier tipo de subida.
El sector del taxi es uno de los más afectados por la crisis económica. En la medida que desciende el poder adquisitivo de las familias y de las empresas, el taxi se resiente. Ya sé que en Madrid es más barato que en la mayoría de las ciudades europeas, pero aún así, cuando las exigencias de austeridad son máximas, el bolsillo no se puede permitir gastos extraordinarios en transporte público.
Vivir del taxi es más difícil y sacrificado que nunca. Se le echan más horas que en ningún otro trabajo, para obtener lo que en ocasiones es un suelo de miseria, y a ello hay que unir lo sacrificado de este oficio, la brega diaria con el tráfico y la inseguridad.
Una subida de tarifas, aunque sea mínima, siempre tiene una repercusión negativa en el usuario. Quizá la salvación del taxi hay que buscarla por otro lado, por ayudas más que por subidas, por exenciones fiscales u otro tipo de compensaciones y, desde luego, por permitir la publicidad exterior, como se hace en otras ciudades españolas y como en Madrid se hace con los autobuses del transporte público. Esto permitiría la posibilidad de unos ingresos extras al taxi. Cualquier fórmula sería mejor que la subida de tarifas, aunque esta haya sido mínima en esta ocasión.
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