Ángel del Río | Lunes 28 de noviembre de 2011
La Navidad comercial ha entrado en Madrid este fin de semana. La gente en general, desde los que tenemos el privilegio de estar trabajando, hasta los parados de larga duración, pasando por los jubilados de pensión congelada, los jóvenes que se van haciendo mayores sin haber podido encontrar todavía su primer empleo y los inmigrantes en apreturas, se han lanzado este fin de semana a las calles para ver las luces de la Navidad, los puestos de figuritas del belén de la plaza Mayor, los de artículos de broma en las plazas de Santa Cruz y Benavente y las luces de los escaparates. Madrid y quienes nos han visitado, se han echado este fin de semana a la calle, no solamente para ver la Navidad colgada y luminosa, no solo para pasear, sino para comprar; eso es, para comprar, para consumir, porque con la Navidad las penas son menos, la crisis se arrincona y cada uno gasta lo que puede, incluso lo que no puede.
Este fin de semana, Madrid parecía una ciudad alegre y confiada. Alegre siempre lo ha sido, pero mostrarse como ciudad confiada en un momento de crisis galopante, es algo así como un milagro. Los comercios estaban abarrotados, también los bares y cafeterías, y hasta las terrazas al aire libre en esas horas agradablemente soleadas de sábado y domingo. Y eran pocos los que salían de los centros comerciales con las manos vacías; prácticamente nadie salía de bares, cafeterías y restaurantes sin haber consumido algo; es decir, que Madrid estrenaba Navidad no sólo con la mirada, sino también con el bolsillo, gastando, que en tiempos de crisis suena extraño comprobar con la medida en que se hace, lo que por otra parte es bueno, porque si hay consumo, se mantendrán los puestos de trabajo del sector servicios y otros aledaños.
Gastar en Navidad parece una tradición que ni siquiera la crisis puede vencer. Colas en las puertas de algunos establecimientos de comida rápida, a la puerta de afamadas administraciones de lotería, en comercios con ofertas históricas; colas de tráfico, colas para acceder a Cortylandia. Primer fin de semana navideño con lleno hasta la bandera en las calles y dentro, en los locales públicos.
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