Ángel del Río | Jueves 24 de noviembre de 2011
En el espacio de máxima confianza de Esperanza Aguirre no había sitio para dos. El espacio de máxima confianza de Aguirre ha sido muy reducido en los últimos años y sólo cabía una persona: Ignacio González. Con el desalojo de Francisco Granados de la secretaría general del PP de Madrid, se terminaba escribiendo una crónica ya un tanto añeja que se empezó a escribir hace algún tiempo. Ayer, Aguirre remató la jugada y dio el poder del partido a la misma persona que ya tiene el máximo poder en su gobierno. Como en las tragedias griegas, el destino ha terminado derrotando al hombre, aunque en este caso el destino tiene nombre propio: Ignacio González.
Desde que Esperanza Aguirre repartió el poder de su confianza personal, dándoselo a González en el gobierno regional y nombrando a Granados secretario regional del partido, se acentuaron las discrepancias personales entre ambos. Granados no quería dejar la consejería de Transportes, pero González convenció a Aguirre de que debería hacerlo, y ésta buscó la fórmula intermedia de darle otra consejería de menor entidad, la de Presidencia, aunque más tarde, por exigencias de un guión de crisis, se le añadiera Interior y Justicia.
Pudo taparse, disfrazarse, disimularse, pero el enfrentamiento en González y Granados estaba presente en el día a día, y Aguirre tuvo que dar otro paso adelante cuando tras ganar las elecciones autonómicas del pasado 22 de mayo, dejó fuera de su nuevo gobierno a Granados. Era el principio del fin, la manifestación clara de las intenciones de Aguirre: dejar todo el poder, el del gobierno y el del partido en Madrid, en manos del hombre al que le había alquilado el pequeño territorio de su confianza, Ignacio González. Y la última decisión se verificó ayer, casi por sorpresa del interesado, pocos minutos antes de un comité ejecutivo y por la vía más expedita: la de la pérdida de confianza en la persona que ha estado al frente de la secretaria regional del partido en dos comicios que han sido exitosos para el PP: las elecciones autonómicas y municipales de mayo y las generales del pasado domingo.
Me gustaría saber qué piensa la dirección nacional del partido de esta última maniobra de Aguirre, sobre todo cuando en los últimos tiempos se ha ido desprendiendo, o ha ido limitando el poder, de políticos de su confianza, de hombres y mujeres del partido de toda la vida, pongamos por ejemplo a Alfredo Prada, Manuel Lamela, José Ignacio Echeverría, Elvira Rodríguez, Juan José Güemes, Antonio Beteta o Engracia Hidalgo.
Uno más uno, no son dos. González-Granados: sólo queda uno. El detonante, puede haber sido una cuestión de “cuernos” por el asunto del pliego ganador de la explotación de la plaza de toros de las Ventas.
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