Sucesos de Madrid hoy

El garrote vil se utilizó en España hasta 1974

MDO | Lunes 21 de noviembre de 2011
El avance de los derechos humanos en las últimas décadas ha relegado prácticas que eran habituales en nuestro país hasta hace apenas 40 años, como la tortura o la pena de muerte. A pesar de esta distancia, se trata de un periodo histórico que todavía genera cierto sentimiento de vergüenza en el ámbito judicial, lo que hace difícil abordar estas cuestiones desde un punto de vista académico. La Universidad Camilo José Cela, sin embargo, lo ha hecho esta semana durante unas jornadas organizadas por el Grado de Criminología y tituladas 'El garrote vil, la tortura, la pena de muerte y los derechos humanos'.

—Pese al avance humanitario, sin precedentes, que significó en su día en todo el mundo la liberación del español Joaquín José Martínez, condenado a muerte en Florida, EEUU, a pesar de ser inocente, con pruebas amañadas, eso no ha generado un movimiento de igual fuerza ni en el Gobierno español, ni en la opinión pública española que ahora reaccionan con tibieza ante la nueva condena que sufre en el corredor de la muerte otro español: Pablo Ibar, condenado sin pruebas a la pena capital, y con toda la apariencia de merecer la muerte tan poco como Joaquín José, aunque el perverso desarrollo de su proceso podría quitarle la vida.

—En España, en medio de un gran ocultismo, se ha matado mediante la tortura en el garrote vil hasta fecha tan reciente como 1974. Cosa que ignoran cuantos han estudiado historia con las páginas arrancadas.

—A nivel formal, nuestro ordenamiento jurídico hace muy difícil, si no imposible, la práctica de la tortura, aunque pueden darse casos aislados.

—Todavía hoy, sectores de la jerarquía judicial, al más alto nivel, se avergüenzan del procedimiento ejecutor y ponen pegas a la hora de ceder "el artilugio de muerte torturador" para el estudio.

—Los derechos humanos, en la actualidad en nuestro país, están arrinconados en una democracia formal que no pone el acento en este tema básico que asegura la libertad y la igualdad.

—A pie de calle, se ha recrudecido la lucha contra el racismo, la xenofobia, los crímenes de odio, el miedo al extranjero y al distinto, en resumen: contra la
intolerancia, que amenaza la convivencia.