Opinión

Vuelven los de antes

Ángel del Río | Lunes 14 de noviembre de 2011
Unos dicen que sólo quedan cinco días de campaña electoral, y otros decimos que todavía quedan cinco días de campaña. A estos últimos se nos está haciendo demasiado larga, porque la campaña oficial dio comienzo el pasado día 4, pero llevábamos ya muchos meses de campaña oficiosa, y esto cansa, porque los políticos se ponen cansinos hasta aburrir.

Hoy es el último día en el que se permite publicar encuestas sobre intención de voto, y esto me parece tan ridículo como que haya una jornada de reflexión. Ni una y otra prohibición tienen ningún sentido y es hora ya de revisar una ley electoral que se nos ha quedado muy antigua.

En esta campaña se han recuperado algunos mensajes ya añejos, pero sobre todo se ha recuperado a políticos ya superados por el paso del tiempo, algunos de los cuales nos suenan al paleolítico de nuestra democracia. Ayer Rubalcaba se quejaba amargamente de que el PP hubiera sacado del armario la figura de José María Aznar, sin caer en la cuenta de que él, Rubalcaba, ha sacado del baúl de los recuerdos a fósiles políticos como Felipe González y Alfonso Guerra, y ayer mismo, José Borrell decía haber encontrado en el baúl de sus recuerdos la vieja chaqueta de pana de los años ochenta, para ponérsele ahora, a ver si vuelve a llevarse. Y el ministro José Blanco, que es el campeón del rescate de recuerdos, sacó ayer de la chistera de los archivos, casi del NO-DO, el asunto del Prestige y de los hilillos, quizá con el ánimo de hundir con el Prestige sus propios desasosiegos.

Últimos días de campaña donde a algunos las cañas se les tornan lanzan. Por ejemplo, al líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, cuando ayer fue a Parla y se encontró con el abucheo de quienes un día le vitorearon, y se encontró con las muestras de repulsa de quienes otrora le votaron mayoritariamente. Ahora le pasan factura por la forma en qué dejó el Ayuntamiento, pero sobre todo, por la defensa a ultranza que hace de su sucesor en el cargo en el asunto de los despidos de trabajadores del Ayuntamiento. Y es que Gómez a veces, con buena intención y deseos hacia sus compañeros, defiende lo indefendible. Recuérdese que del ex alcalde de Alcorcón, Enrique Cascallana, que ha dejado una deuda de 612 millones de euros, ha dicho que su gestión había sido de “matrícula de honor”. Eso es, cuando menos una exageración, por no decir otra cosa.

 

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