Opinión

500 columnas

Ángel del Río | Lunes 07 de noviembre de 2011
Esta es mi columna número 500 en Madridiario. En aquella primera columna de este recién estrenado proyecto, hablaba de ese Madrid que nos mata, lleno de luces y sombras, de emociones y sinsabores, pero único. Hablaba también se seguridad-inseguridad. Quinientas columnas después, tengo que hablar de lo mismo.

Los políticos están en campaña y viajan de un lado a otro sin pernoctar en tiendas de campañas. Los autobuses electorales se mueven por todos los confines de la geografía española. Militares y simpatizantes acuden a recibir a los suyos, a estrecharles la mano, abrazarles y recibir de ellos una sonrisa o un beso de cartón, de esos que son fríos e inanimados. Todo el mundo se mueve de un lugar a otro y dejan abandonada la hacienda, momento en el que los delincuentes, los pillastres, entran en campaña, y mientras otros dan un mitin, ellos se llevan lo que pueden.

El fin de semana ha sido especial. En Madrid ha habido más robos que mítines, al menos más robos importantes que mítines con sustancia. Cinco robos en 30 horas, robos de carteras al margen, que esos han podido ser muchos más teniendo en cuenta las ocasiones que se les presentaban a los carteristas en mítines y otras concentraciones públicas.

Cinco robos en 30 horas: una farmacia, un supermercado y tres joyerías han sido asaltadas o butroneadas, y es que en estos momentos de desasosiego económico, de incertidumbre sobre lo que habrán dejado en caja las ventas del día, lo único seguro son los medicamentos y las joyas, sobre todo las joyas, que al precio que está el oro, siempre suponen un botín de muchos quilates.

Los trabajadores del gremio de la joyería están desesperados, y no les falta razón, porque son el claro objeto del deseo de los ladrones, y los que se encargan de representar a los joyeros, llegan al máximo estado de indignación porque reivindican en el desierto medidas judiciales contundentes contra los ladrones reincidentes; se dejan la voz exigiendo más rigor, más firmeza, y se ahogan en el desaliento que produce la impotencia.

A ver si en el debate televisado de esta noche entre los dos aspirantes a gobernar España, escuchamos algo que tenga que ver con garantizar la seguridad de los ciudadanos y de sus bienes, con evitar que los ladrones campen a sus anchas, que entren en los comercios, con endurecer las medidas a los delincuentes, con el derecho a la defensa de la propiedad que debería impedir que un grupo de ocupas le okupen a uno la casa o el local. Si en un estado de economía agonizante, ni siquiera se garantiza la seguridad, apaga, echa el cierre y vámonos. ¿Adónde? Y yo que sé.

 

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