Opinión

Otro mundo es posible

Nino Olmeda | Lunes 24 de octubre de 2011
Muamar Gadafi, el extravagante, asesino y déspota gobernante de Libia y hasta no hace mucho agasajado por nuestros gobernantes, ha caído asesinado por la turba con unos métodos que destrozan todos los artículos de los derechos humanos, tan necesarios en tiempos de paz como en épocas convulsas. Ojo por ojo, diente por diente.

ETA anuncia que echa el cierre a su tienda de "pipas" y que está dispuesta a bla, bla, bla para que el "conflicto" cicatrice en condiciones saludables. Un anuncio histórico que ayudará, sin duda, a recuperar la convivencia entre vascos y españoles y entre españoles que querían, unos, hacer todo lo necesario y asumible para que las balas recuperasen su destino natural, los campos de tiros legales y con permisos gubernativos, y otros,  que la violencia etarra se convirtiese en  una excusa perfecta para no dar explicaciones sobre asuntos que en democracia no tienen que permanecer en las cavernas del silencio y la vergüenza.

Las banderas tienen muchos usos, pero el más deleznable es el de colgarlas de un palo con el que golpear a todo el que no siente lo mismo. Si los del ojo por ojo, diente por diente, han perdido su gran obsesión de perseguir a los que son tan nacionalistas como ellos, sin darse cuenta de que son muy parecidos aunque sin esa violencia tan característica que tanto asco da. La paz puede ser posible. Ojo por ojo, diente por diente, ahora contra los indignados y los okupas, los que están destrozando con sus denuncias no violentas y burlas simpáticas el maravilloso mundo mágico de la clase política que había olvidado que somos nosotros los que los elegimos para que defiendan nuestros intereses y no al revés. 

Mientras unos etarras encapuchados daban la noticia del adiós a las armas y otros bárbaros despellejaban a los Gadafi comportándose como fieras humanas, unos individuos entraban en el portal que da acceso a la vivienda de la máxima representante del Estado en la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien, anonadada por el comportamiento de dos bolingas recién salidos de un partido del Real Madrid, se obsesionó en que la autoridad competente tratase a estos peculiares personajes de la noche borracha de la capital como si hubiesen asaltado el Palacio de Invierno, sin darse cuenta que la democracia no hace distingos entre personas, y una patada en los huevos de un fontanero no se castiga distinto que una acción similar contra alguien con título, carrera y cargo político. Quiso ver espías y malignos indignados detrás de estos dos personajes e imaginó que okupaban su domicilio para salir en el New York Times. Siempre nos consideramos a nosotros mismos muy por encima de lo que piensan de nosotros los demás, pero en un mundo tan convulso como el actual, la mejor noticia hubiera sido que Gadafi es juzgado por todos sus crímenes por un tribunal de honrados demócratas, que a todos nos sienta bien pasear por Euskadi sin temor a que algún fanático o trastornado nos vuele por los aires y que una mandataria nos informa de la anécdota de dos bolingas en la puerta de su vivienda sin dar más importancia a lo sucedido, Otro mundo es posible.

TEMAS RELACIONADOS: