Medio Ambiente

"Solo por tomar la calle no se ha ganado"

José Bové, eurodiputado verde y portavoz de Vía Campesina

Carmen M. Gutiérrez | Viernes 21 de octubre de 2011
El eurodiputado verde José Bové estuvo esta semana en Madrid en un acto del partido ecologista Equo. En esta entrevista expone las soluciones que dan los Verdes europeos a la crisis y su visión sobre el movimiento 15-M y la desobediencia civil, que le ha llevado en cuatro ocasiones a la cárcel.

El debate en el que participa se llama 'La respuesta verde a la dictadura de los mercados'. ¿En qué consistiría esa respuesta?
Creo que la lógica política debe imponerse sobre la lógica financiera. Con la crisis actual hemos aprendido que el poder económico y financiero funciona fuera de todas las normas establecidas, de las regulaciones y las leyes. También vemos que hoy los países se están enfrentando a la presión financiera y bancaria. Por lo tanto, la respuesta que tenemos que aportar no puede estar en el marco institucional actual. Tiene que ser una respuesta europea. Tenemos que poner en común las políticas económicas para enfrentarnos a esa estructura financiera que va más allá de los Estados, que es superior a los Estados en sí mismos. Los Verdes europeos son el único grupo político que defiende una Europa federal que vaya más allá de esas fronteras nacionales, en la que todas las diversidades puedan expresarse.

Por otro lado, la respuesta ante la crisis no pueden ser esos planes de austeridad para los ciudadanos que se ven afectados por la crisis. Lo que están viviendo los ciudadanos españoles es totalmente inaceptable, porque no podemos hacer pagar a la población los problemas causados por los bancos. Por ello, la acción que los Verdes europeos desarrollamos se basa en la lucha contra los planes de austeridad y en la construcción de una Europa distinta, superior, federal, una Europa alternativa.

¿Qué medidas debería tomar esa Europa federal?

El orden económico europeo tiene que cambiar. El poder de los bancos tienen demasiada fuerza. Habría que controlar el sistema bancario, convertirlo en mutualista, y que el conjunto de la economía europea pueda estar mejor protegido, para que los bancos no puedan ir atacando país a país de la manera en la que lo están haciendo actualmente. Hay que cambiar el modelo económico porque ha fracasado, se ha acabado y, por eso, considero que esta reconversión ecológica de la economía podría ser la solución porque se enfrenta al problema del empleo, al problema de la crisis climática, que cada vez está más presente, dando así una respuesta global. No hay que atacar el problema de la crisis o solamente el problema de la ecología o solo la economía, sino que hay que enfrentarse a todo de forma global.

¿Cómo ve la formación del nuevo partido verde, Equo, en España?
Creo que Equo llega en un momento importante, en el que los grupos que existían eran grupos desperdigados, era gente que procedía de movimientos políticos, de movimientos regionales, alternativos o ciudadanos e, incluso, sindicalistas. Y hoy Equo está permitiendo una alternativa ciudadana más allá de esos grupos existentes.

¿Qué le parece el 15M?
Yo llevo mucho tiempo comprometido con los movimientos sindicalistas, altermundistas... Para mí, el 15M y la prolongación que se está viendo en otros países, como Estados Unidos, es una forma que han tenido los ciudadanos de reapropiarse de todos esos temas de los que les habían echado, en los que no les habían permitido participar. Es un poco como lo que vivimos en 1999 en Seattle, cuando jóvenes del mundo entero, ciudadanos de base, se volvieron a replantear la estructura establecida por la Organización Mundial del Comercio. Yo estoy viendo un fenómeno que nace de la realidad social que están viviendo los ciudadanos implicados. Tras esa indignación, esa acción, ese compromiso, Equo no es que recupere el movimiento, sino que toma sus aspectos positivos para poder dar una respuesta a los ciudadanos frente a esta crisis.

¿Qué es lo que más le enfada ahora mismo? ¿Qué es lo que más le indigna?
Oh, muchas cosas. Me indignan muchas cosas, pero yo considero que la indignación tiene que venir de lo que vivimos. Eso es lo importante, porque en cada territorio, en cada lugar la indignación toma una forma diferente y al final termina creando un movimiento distinto. Por ejemplo, a lo largo de todo este año ha habido un movimiento popular en Francia que ha ganado bastante fuerza y tenía que ver con la voluntad de las empresas petrolíferas de buscar a 3.000 metros de profundidad, lo que podía dañar las capas subterráneas y amenazaba toda la zona que rodea el territorio donde vivo. Durante todo el año nos estuvimos movilizando decenas de miles de personas y al final conseguimos echar a las compañías petrolíferas. De hecho, conseguimos que el gobierno rectificase y decidiera finalmente prohibir ese tipo de instalaciones. Eso no significa que yo no me sienta parte de los movimientos de indignación en el mundo entero, que no considere que no es importante el movimiento que ha habido en España. Todo lo contrario. Los jóvenes en España se han movilizado por las cosas que les tocan a ellos, como la la vivienda o el desempleo, sobre todo aquí en Madrid. Por eso, digo que la indignación tiene que venir de las vivencias, tiene que ser lo que nos toca a cada uno.

Ha sido condenado varias veces por sus acciones de protesta, pero ¿ha llegado a entrar a la cárcel?

He estado cuatro veces en la cárcel. La primera vez fue cuando tenía 23 años y la última en el 2003. Han sido siempre acciones ligadas a un combate muy específico. La primera vez fue porque luchábamos contra la instalación de un campo militar francés que pretendía apropiarse de los terrenos de la zona. Estuvimos luchando diez años y al final conseguimos ganar la batalla porque no se hicieron con los terrenos. La segunda vez tuvo que ver con una acción contra un McDonald's y era nuestra forma de protestar contra la Organización Mundial del Comercio. Y las dos últimas veces han estado ligadas a la lucha contra los transgénicos y hemos ganado porque ahora en Francia no se cultivan.

En España parece que no es tan fácil ganar los combates, como los llama...
El problema es que no hay que creer que porque salimos a la calle ya hemos ganado. A veces lleva su tiempo y ese compromiso, el compromiso que adoptamos, tiene que ir acompañado de acciones. Por eso, yo considero siempre que la acción que procede, lo que hay que hacer para ganar este tipo de batallas es unir nuestras acciones en una desobediencia civil, porque se inscribe en la visión que nosotros tenemos del mundo y del compromiso, porque es una forma de luchar tanto colectiva como individual. Es la única forma de mover a los poderes políticos. Cuando todos los canales de la democracia están cerrados es el momento de la desobediencia.