Sara Medialdea | Lunes 17 de octubre de 2011
El 13 de octubre se han cumplido 20 años de la muerte del que fuera alcalde de Madrid, dos veces ministro y figura de la política nacional con el CDS, Agustín Rodríguez Sahagún. El Ayuntamiento de Madrid celebró un homenaje en su recuerdo, inspirado por el cronista de la villa, maestro de periodistas y compañero de esta página Ángel del Río. Un acto bonito, entrañable, en el que se juntaron muchos de los que en ese periodo, 1989-1991, ayudaron a construir el Madrid que hoy vivimos. La familia de Rodríguez Sahagún: su viuda, hijos y nietos, todos muy orgullosos de la figura que allí se glosaba, porque nadie, ni siquiera sus adversarios políticos, hicieron un comentario negativo de él. Es más, Félix López Rey, histórico ex concejal de IU y hombre honrado donde los haya, aseguró que había tratado "con todos los alcaldes de Madrid desde García Lomas, y éste era el mejor persona".
Gran parte de su equipo de Gobierno se juntó en el acto, celebrado en la Caja de Música del nuevo Ayuntamiento del Palacio de Cibeles. Fernando Garro, Fernando Bocanegra, Enrique Villoria, Carlos López Collado, Miguel Cantos, Elena Utrilla, José Ignacio Echeverría, Simón Viñals, Fernando López Amor, Carlos Martínez Serrano, José Gabriel Astudillo...y cómo no, la que fue su concejal de Medio Ambiente derrochando ilusión y saber hacer con los medios, Esperanza Aguirre. Hombres y mujeres que, bajo el mando de aquel alcalde con cara de buena persona pero capaz de cuadrarles a todos, se lanzaron a la aventura de transformar Madrid en dos años, seguros de la necesidad de dar un vuelco a la situación si querían consolidarse en la Alcaldía. Algo que consiguieron en las siguientes elecciones, con un José María Álvarez del Manzano que inició una sucesión encadenada de mandatos del PP que aún hoy no ha terminado.
Tuve el honor de trabajar como periodista local en la época en que Agustín Rodríguez Sahagún era alcalde de Madrid. Y le recuerdo cogiendo el Metro para irse a ver obras sorpresivamente, empeñado en que se trabajara a tres turnos para acabarlas antes, y sacado a hombros del túnel de Cristo Rey la noche en que lo puso en marcha. Y también en aquella comida que nos brindó a los habituales del Ayuntamiento, una treintena de plumillas que comimos con él pocos meses antes de que falleciera, cuando ya se sabía enfermo y había renunciado a presentarse a la reelección. Fue una comida de despedida de muchas cosas, y de agradecimiento por otras.
Como la actualidad es tan tirana, quiso el azar que justo el día en que se le rendía homenaje, se decidiera el PP de Mariano Rajoy a anunciar la inclusión de Ruiz-Gallardón en sus listas para el Congreso. La consecuencia fue dejar desdibujada en la prensa del día después el recuerdo de un hombre bueno al que, sin duda, muchos madrileños recordarán aún hoy con cariño.
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