Alfredo Menéndez | Jueves 29 de septiembre de 2011
Una ciudad dentro de una región. A veces por debajo, a veces en paralelo. Una ciudad que se mueve dentro de una región que en la hora punta suele estar quieta y parada en superficie. Hablamos de un millón de viajeros diarios, de 101 estaciones, la 101 de estreno reciente en Barajas y que todavía huele a nuevo. Eso es Cercanías. Nada menos. Es poder ir leyendo a trabajar, dormir un rato más, saber que llegarás a tu hora, pero sobre todo Cercanías es más que dejar el coche en casa y lo saben bien todos sus usuarios. Es la tela de araña tejida y creciente que cruza la comunidad y que poco a poco le va ganando espacio en el corazoncito de todos los madrileños al servicio que solía ocuparlo como era el Metro.
Cercanías crece y Madrid con ellas. Son vidas paralelas ya que Madrid sin Cercanías sería menos Madrid. Y Cercanías sin Madrid serían sólo trenes. Lo importante no es el camino hacia atrás, sino lo que queda por crecer ya que al Metro no podemos seguir estirándolo para poner una parada en cada calle, en cada barrio, en cada distrito o en cada pueblo. Ese es el valor de sus trenes y no hay alcalde que se precie que no luche por poner una estación en su pueblo. Lástima de crisis que ya veremos como deja el Plan de Infraestructuras para Madrid que tantas veces nos presentaron y que parecía que la última iba a ser la buena. Tiempo hay, pero el proyecto es ambicioso. En época de vacas flacas, esperemos que las vacas del tren, lo sean menos y sí mucho más llevaderas, porque poner un tren en un municipio es mucho más que poner un apeadero. Es subir a ese consistorio a un crecimiento económico que es justo lo que hace falta en tiempos como estos.
Sepamos distinguir entre gasto e inversión. Apostamos por los 5.000 millones de euros previstos en ese plan y si hay que redimensionar, hágase con cabeza. Pero que por el camino no se caigan estaciones necesarias que precisamente pueden ser la diferencia entre salir antes o después del pozo.
TEMAS RELACIONADOS: