Emilio Martínez / DC | Domingo 25 de septiembre de 2011
Seis siglos después, el nacionalismo catalán, representado por sus políticos y apoyado por los antitaurinos, apuntilló a la Fiesta. La última corrida, con un gran triunfo de José Tomás, que volvió a erigirse en sumo sacerdote de esta religión olorosa y flamígera, echó el cierre a una historia que comenzó oficialmente en 1687 en Barcelona con Juan I como rey de la Corona de Aragón.
Eso sí, es justo y necesario destacar que el encierro de la divisa de El Pilar fue indecoroso e impropio por su escaso trapío no sólo para esta especial efeméride, sino para un coso de primera categoría como La Monumental. Tal y como sucedió en el festejo anterior, los tres toreros por la puerta grande y fueron acompañados por los aficionados hasta el hotel.
Al igual que en el festejo del sábado, hubo muchos gritos de 'libertad' e incluso 'llibertat' desde los tendidos y abundantes pancartas. El clima entre el público fue de serena tristeza, pero muy emotivo cual corresponde al adiós a los toros en Barcelona y en Cataluña. A la conclusión del paseíllo, la terna, compuesta por José Tomás, Juan Mora y el barcelonés Serafín Marín, fue obligada a desmonterrarse y saludar.
Se lidiaron toros de El Pilar, muy mal presentados, noblotes y casi inválidos. Juan Mora apuntó sus detalles de clase, sobre todo con el capote en los de su lote, pero sin llegar a macizar ninguna de sus faenas y fue muy ovacionado. José Tomás, que brindó emotivamente en el platillo su segundo enemiguito -el último de su carrera en su plaza de Barcelona- bordó el toreo al natural frente a su primero, en el que se lució con inspirados adornos y con un estoconazo que le valió las dos orejas indiscutibles. Menos recorrido tenía su segundo, al que muleteó intentando de nuevo la pureza ahora en redondo. Antes se había lucido también con escalofriantes gaoneras, pero ahora marró con la tizona y no hubo trofeos..
Los intentos del local Serafín Marín en su primero no pasaron de la vulgaridad, siendo ovacionado. El matador, fue benévolamente premiado con dos orejas en el segundo y último de la Historia en Barcelona.
TEMAS RELACIONADOS: