Buzón

Una certeza

Alfredo Hernández Sacristán | Miércoles 21 de septiembre de 2011
Hay acontecimientos y situaciones innegables, tan ciertas que ni los escépticos más recalcitrantes son capaces de negar. Si bien, de  la muerte, al  hablar de este momento, muchos intentan escabullirse o si lo hacen pasan de puntillas para no dejar paso al desaliento que pueda producir la trascendencia de ese final de trayecto.

   Ciertamente, en los momentos que estamos viviendo, en que el cuerpo y su cultura tanto nos preocupan. El colesterol, las dietas con sus calorías y conseguir una figura  “diez”, no suele  hacer pensar, tal vez no tengamos tiempo, para  considerar nuestra temporalidad; el ayer ya es el hoy, y como leí no recuerdo donde, mañana será pronto el hoy con sus problemas.

   El hoy nos interesa, qué duda cabe, pero más debíamos pensar de cara a cómo voy a enfrentarme al  futuro  que llegará ineludiblemente y será corto o largo o de inminente final. Por eso hace falta, sin obsesionarse que nunca es bueno, mirar a la muerte cara a cara; humanizarla, conviviendo con algo que llegará y como decía cierto actor, no temiéndola pero con cierto temor a cómo será el final.

   Las mujeres, habitualmente y con su sentido común, tienen mucho que decir y que hacer en estas circunstancias. Cecilly Sanders fundó el movimiento Hospice, dedicado a los tratamientos paliativos. Su trabajo fue apreciado y de tal modo que se le concedieron  varios honoris causa en diversos  países. En Gran Bretaña, de donde era originaria, recibió la Orden del Mérito – la más importante del país-y el título de dama del Imperio Británico. La manera en cómo ha influido en la moderna medicina justifica con creces los méritos que le concedieron.

   Fue una mujer que a lo más que decía de sí es que “fue una persona que vivió en el momento y lugar indicado”. Lo cierto es que tuvo la sensibilidad, tan propia de la mujer, y a veces, tristemente intenta desterrar , de ver en el enfermo, en el desvalido, en el sufriente, alguien  al que dedicar su saber y su vida. Esa sensibilidad aumentó en Cecilly por su timidez, que hace volcarse en los más débiles que no la van a despreciar, que la van a aceptar porque se sienten apartados y desarraigados, desarraigados de una sociedad egoísta y ensoberbecida en lucha por llegar a lo más alto, sin pensar en los que tiene que pisar.

   Son circunstancias, ocasionales, que se presentan y hay a la vez personas que encuentran aquí un punto de lucha. Un algo que les dice que hay mucho por hacer y la entrega, sin medida, es a donde quieren llegar, si pararse a pensar en el esfuerzo que requieren las grandes obras.