Ciencia y tecnología

Los efectos del paro en la pobreza

madri+d | Miércoles 21 de septiembre de 2011
Investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) confirman que la proporción de personas que experimentan carencias y dificultades es superior entre las familias inmigrantes, lo que representa un riesgo cinco veces superior al que afrontan las demás familias. Además alertan de la vulnerabilidad de los trabajadores inmigrantes en el mercado de trabajo y ante posibles descensos repentinos de ingresos, como son los asociados a la pérdida de empleo. La brecha se amplia, a partir de 2008, por efecto de la crisis.

Los resultados de la  investigación “Privación multidimensional en España: Diferencias entre nativos e inmigrantes” liderada por Luis Ayala, desde el departamento de Economía Aplicada II de la Universidad Rey Juan Carlos, confirman plenamente la idea de que los trabajadores inmigrantes ocupan una posición subordinada y vulnerable en el mercado de trabajo, con una mayor tasa de asalarización y una concentración muy marcada en un puñado de ocupaciones poco cualificadas de determinados sectores de actividad (como la construcción o la hostelería).

En dichas ocupaciones, los inmigrantes trabajan muy frecuentemente con contratos temporales, cambian de empleo más a menudo que los trabajadores autóctonos y ejercen menos veces tareas de responsabilidad que impliquen la coordinación o dirección de equipos de trabajadores. Además, ganan menos que los trabajadores autóctonos con similar nivel educativo.

En concreto, los resultados sobre salarios muestran que los trabajadores inmigrantes están sobre-representados en los tramos retributivos más bajos, especialmente en el caso de las mujeres, lo que se traduce en una brecha salarial media situada en torno al 25%. Por otra parte, los salarios que cobran los inmigrantes son más homogéneos que los que reciben los restantes trabajadores, y todo ello implica un elevado riesgo de llegar a ser trabajadores (y sobre todo trabajadoras) “pobres “ y se traduce en una también alta proporción de familias con ingresos inferiores al umbral de riesgo de pobreza, situado en el 60% de la media. A lo largo de todo el período estudiado, la tasa de riesgo de pobreza de las familias sustentadas por inmigrantes ronda el 30%, más de 10 puntos por encima del promedio nacional.

La posición económica relativa de los hogares sustentados por una persona inmigrante se agrava cuando se utilizan indicadores distintos de la tasa de pobreza convencional, basada en la renta disponible. Es el caso de la inclusión del alquiler y de los ingresos los gastos relacionados con la vivienda (sin incluir la amortización de posibles préstamos hipotecarios), que llevaría a situar a casi la mitad de las familias inmigrantes por debajo del umbral. Esta gran brecha refleja las disparidades entre viejos y nuevos residentes en el acceso a la propiedad inmobiliaria, así como en la calidad media de las viviendas y en la carga financiera que supone su alquiler o compra. Ello supone un nuevo factor de vulnerabilidad ante posibles descensos repentinos del nivel de ingresos, como los asociados a la pérdida del empleo.

Por último, en prácticamente todos los indicadores, la proporción de personas que experimentan carencias y dificultades es superior entre las familias inmigrantes, con diferencias especialmente abultadas en aspectos como la posesión de ordenador o automóvil, las dificultades para llegar a fin de mes y la frecuencia de los retrasos en los principales pagos periódicos (recibos, alquiler o hipoteca, compras aplazadas).

Por otra parte, la brecha vuelve, además, a ampliarse en 2008, año en el cual once de los catorce indicadores de privación empeoran, por efecto de la crisis, en el caso de los hogares sustentados por inmigrantes. En esta última fecha, casi la mitad de la población en hogares encabezados por inmigrantes sufre privación material (es decir, presenta tres o más carencias simultáneamente), el triple que en los hogares nativos, y casi uno de cada cuatro sufre simultáneamente baja renta y privación material, lo que representa un riesgo cinco veces superior al que afrontan las demás familias.