Opinión

Lo que esconde la reforma

Nino Olmeda | Jueves 15 de septiembre de 2011
La reforma de la Constitución negociada entre socialistas y populares para, según ellos, garantizar el principio de estabilidad presupuestaria vinculando a todas las administraciones públicas en su consecución y reforzar el compromiso de España con la UE, puso de los nervios a todos los demás grupos parlamentarios, a muchos dirigentes del PSOE, a los sindicatos UGT y CCOO y a numerosos ciudadanos de la calle que no entienden las prisas del bipartidismo.

Muchos critican el fondo de este cambio en la Carta Magna, hasta la fecha intocable para los mismos que ahora la retocan. Ya hay leyes que no dejan a las administraciones gastar y gastar sin control, pero parece que no es suficiente. Todo se hace para calmar a la fiera que mueve los mercados financieros, que quizá no sepan que la Constitución garantiza también los derechos al trabajo y a la vivienda y eso no significa nada importante para los parados y los que viven en la calle.

La forma de llevar a cabo esta reforma también ha sido muy cuestionada ya que aquello de la participación y el diálogo, tan cacareado por todos cuando necesitan de ello, ha brillado por su ausencia. Lo lógico hubiese sido pedir la opinión y participación de la ciudadanía a través de la convocatoria de un referéndum, exigido por los mismos que se han visto excluidos de este acuerdo bipartidista. La reforma de la Constitución se aplicará dentro de 10 años, por lo que no se entienden las prisas.

Da la sensación que todo esto se ha montado para que hablemos de lo que ellos quieren y no de lo que sucede ahora mismo, por ejemplo, algunas medidas que dejan al trabajador en manos de los caprichos de los empresarios. En principio, el Gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, con la complicidad del PP,  acabó con la obligación de convertir los contratos temporales en fijos a los dos años. “Zapatero ha hecho lo que quería Carrefour”, me dice un buen amigo que trabaja en este hipermercado y que oyó eso cuando le despidieron después de estar 1 año, 11 meses y 28 días en este empleo. Algún cargo intermedio le dijo, al echarle, que la culpa la tenía Zapatero por no dejar que la temporalidad dure lo que necesite el patrón. Mira por dónde las quejas de Carrefour llegaron a los oídos de Zapatero y optó por pasar del criterio de los explotados y apoyar al que hace negocio con el abuso, la temporalidad y la precariedad laboral. Otra reforma de Zapatero consiste en modificar los contratos de formación y ampliar su duración hasta los 30 años. 

Tanta bondad con los trabajadores llevó al ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, a decir que es mejor un trabajo temporal que un parado. Tiene razón, sin duda. Mejor la tortura que la muerte, mejor recibir 400 euros al mes que nada, mejor que se enriquezcan ellos, que son pocos aunque poderosos, que la dignidad de los millones de trabajadores que se han hecho posibilistas para seguir comiendo y dar de comer a su familia. De esto nadie habla y sí de una reforma de la Carta Magna que se aplicará en 2018.

Para ese año habrá, sin duda, control del déficit pero escaseará la calidad de los empleos bien remunerados. Entonces, unos y otros, recordarán que en 2011 montaron un sarao con música reivindicativa sobre el control presupuestario para que no se oyeran voces contrarias a las reformas del mercado de trabajo de un gobierno llamado socialista que para las cuestiones importantes, para ellos, se abrazaba a la derecha que decía combatir.

¿Y qué piensan de esto los sindicatos de clase UGT y CCOO? Eso sólo lo saben ellos pero no lo dirán para no favorecer la llegada del PP a la gobernabilidad de España. ¡Que majos¡

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