Ángel del Río | Martes 06 de septiembre de 2011
Cuando se plantean conflictos labores, sobre todo si son con la administración pública, siempre aparecen aliñados con una buena cucharada de demagogia y una pizquita de pimienta de confusión, para que el aderezo los haga más atractivos y apetecibles con vistas a su consumo masivo.
La huelga de profesores en la Comunidad de Madrid tiene un poco de todo esto, a lo que hay que añadir una cucharadita de rumorología. El objetivo del gobierno de Esperanza Aguirre es recortar gastos, cuestión en la que hay coincidencia plena Las diferencias aparecen cuando esos recortes afectan a un colectivo concreto, en este caso, al de los docentes, a los que no se les ha recortado ni el sueldo ni las vacaciones durante lo que llevamos de crisis, colectivo que se vio muy favorecido en lo salarial por el primer gobierno Aguirre, cuando les consiguió una sustancial subida y desterró para siempre el viejo dicho de: “pasa más hambre que un maestro de escuela”.
Ahora los recortes que vienen y que han encendido los ánimos de los sindicatos hasta el punto de convocar una jornada de huelga y otras movilizaciones, van por la vía de incrementar la semana laboral de los profesores de secundaría, que aún así no sería la semana más larga del mundo, y compensarles económicamente por ese incremento. Esto se hace para que el recorte sobre las plantillas de funcionarios sea posible, no renovando los contratos a unos 3.000 docentes en estado de interinidad. Lamentablemente esos recortes en las plantillas en época de crisis están a la orden del día, sobre todo en las empresas privadas, pero cuando se toca a un colectivo muy sindicalizado, parece que se trata del primer y único recorte de este país.
La pizquita de pimienta de confusión la han puesto quienes han dejado correr el bulo de que en la estrategia recortable de Esperanza Aguirre está la idea de que un profesor de matemáticas, por ejemplo, tenga que dar al mismo tiempo clases de educación física. La presidenta regional ha dicho que esto es totalmente falso, tan falso como aquella campaña de los sindicatos en la que se aseguraba que tendríamos que pagar la sanidad pública, ir con la cartera, la chequera o la tarjeta de crédito, a liquidar una intervención quirúrgica, una consulta diagnóstica o una simple visita al médico de cabecera.
Un exceso de condimento de demagogia y de pimienta de confusión, puede arruinar un buen plato y que terminen por despedir al cocinero.
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