Pedro Fernández Vicente | Jueves 25 de agosto de 2011
Es la palabra más desgastada de los últimos tiempos. Todos piden reformas; Sarkozy, Merkel, Obama, Zapatero, Rajoy, hasta los futbolistas españoles exigen cambios en la responsabilidad de los pagos para empezar la liga. Reformas que le han servido a ZP para justificar la prolongación de una legislatura que, al final, ha tenido que abortar. Reformas que solicitan los millonarios franceses para colaborar en rebajar el déficit. Luego dicen. Cuando la economía francesa vuelva a ser la que era no habrá quien les quite su parte de razón a los más ricos de Francia cuando digan a los cuatro vientos que su contribución fue decisiva. Y será verdad, aunque se les podrá recordar que también tuvieron su parte de culpa en la crisis. Pero eso es otra cuestión.
Precisamente a la vista de la decisión francesa, el gobierno, el nuestro, ese al que le queda muy poco de vida, ha vuelto a amenazar con subir los impuestos a las grandes fortunas. Me arrepiento, pero no tuve la prevención de contar, desde el principio, las veces que hemos visto publicado que el gobierno piensa subir los impuestos a las grandes fortunas. Ha sido tantas veces y en tantas ocasiones que empieza a ser sospechoso. Si los ricos hubiesen desconfiado de ZP y de Salgado, han tenido tiempo suficiente para mover sus fortunas allá donde hubiese hecho falta para evitar lo que cada cual haya querido evitar.
Y ahora nos enfrentamos a la Constitución. Una reforma clara y en alta velocidad. Es curioso que poco tiempo después de que se tomasen a broma la propuesta de Rajoy de limitar el gasto en el texto de la Constitución, el gobierno haga una propuesta de las mismas características. ¡Cuánto tiempo estamos perdiendo…! Es aquello de que todos hacemos lo mismo pero unos más tarde que otros. Lo malo es que necesitamos en el gobierno a quienes deciden en primer lugar y tenemos a los otros.
Pero ahora es momento de decisiones, que se haga lo necesario aunque sea un poco más tarde. Pero la cosa no empieza bien, hay poco tiempo para negociar y muchas opiniones en contra, sobre todo desde la izquierda, aunque no se quedan fuera las críticas internas socialistas que consideran que al PP le viene a medida y más en un momento en el que los ciudadanos tienen que ir a las urnas. Lógicamente tanta crítica ya ha provocado el primer frenazo para un acuerdo que necesita cierta urgencia. Los socialistas plantean una cierta flexibilidad mientras que los populares se ciñen a déficit cero.
Rubalcaba, que es el encargado de la negociación, quiere que se mantenga en cero si la situación de crecimiento de la economía está en límites normales del dos o el tres por ciento, pero que pueda utilizarse un cierto déficit en caso de momentos más delicados.
Es sólo el principio de un pacto importante y trascendente. Ojala termine pronto y bien porque Septiembre puede ser duro para nuestra economía y si no aciertan estos que la dirigen será malo para todos: para sus amigos y para sus enemigos. Así que es mejor que se pongan de acuerdo y acierten.
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