Opinión

Tensión en Colmenar Viejo

Jueves 18 de agosto de 2011
La tensión que se está generando el Colmenar no tiene buen aspecto. El enfrentamiento entre dos jóvenes de distintas procedencias está desatando una ola de amenazas entre marroquíes y latinos desconocidas para un pueblo madrileño que, hasta el momento, disfrutaba de costumbres bastantes diferentes. Las advertencias de reunir bandas de otros pueblos para armar una auténtica guerra, armas incluidas, es una práctica novedosa para los madrileños de este siglo. Habrá que acostumbrarse, aprender a convivir con esta forma de vida y defenderse, en la medida de lo posible.

Es una situación de violencia insólita en nuestras calles pero ya se veía venir. Al parecer las autoridades han sido las últimas en darse cuenta de que algo así llegaría en un momento u otro, a la vista de determinados acontecimientos.
Los primeros indicios de falta de respeto a la vida y a la autoridad policial han sido claros pero muy localizados. Todavía suenan las alarmas de la gente del barrio cuando en Lavapiés un grupo, que pretendía identificarse con el 15M, impidió la detención de un hombre que trapicheaba con drogas, según la información policial. Conducta intolerable con escasa respuesta. Nadie quería darlos importancia, travesuras aisladas. Cualquier cosa con tal de evitar una acusación de racismo. Pero no se trata de racismo, sino de cumplir la ley que nos hemos dado para general cumplimiento. Los derechos, a los que tanta referencia se hace desde las asociaciones de inmigrantes, están ahí para cumplirse y dar una respuesta a las necesidades, pero también existen, en nuestras leyes, las obligaciones con los demás. No se trata de racismo.

Tomarse la ley por su mano no figura entre nuestro amplio abanico de leyes. Si ha habido una agresión que la policía busque al culpable y se le castigue. Aquí los jueces son quienes dictan las penas, no la calle y mucho menos una banda.
Ahora, los ciudadanos esperan la respuesta de las autoridades. ¿Qué piensan hacer?. Si las amenazas se llevan a cabo se generará una situación muy delicada con consecuencias difíciles de calcular. Ya estamos viendo las noches del Reino Unido. Necesitamos que la policía y la justicia tomen la iniciativa. Los ciudadanos de a pié necesitamos un gesto que nos indique que los administradores, esos que piden los votos, dominan la situación y que cualquier movimiento contrario a nuestro ordenamiento jurídico tendrá la respuesta que todos esperamos.

Quizá habría que escuchar al Primer Ministro Británico. Las leyes deberían endurecerse.

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