Laura Biela | Lunes 01 de agosto de 2011
Cada año, más de 300 niños saharauis visitan la región durante los meses de verano para conocer otra cultura, vivir una experiencia única y realizarse un chequeo médico general; acogidos por familias madrileñas que quieren ofrecer su ayuda a esta población tan necesitada. Este es el caso de David y Hamdi.
Hamdi, de 12 años de edad, a primera vista parece un chico tímido, pero al rato sonríe y se interesa por lo que se le está preguntando a su padre de acogida, David Serrano, un getafense de 25 años que ha decidido pasar parte del verano ayudando a este joven saharaui. Según él, Hamdi es "un poco travieso", como muchos niños de su edad, pero "es también muy obediente y se porta bastante bien".
Este año, todo ha sido más sencillo para ambos. Es el segundo año que viven juntos esta experiencia y ya se conocen un poco más. "El primer año llegó llorando, no quería estar con nosotros porque no nos conocía. Este año ha sido distinto, todo ha ido mejor", comenta el padre de acogida con una sonrisa, mientras recuerda las dificultades que pensaba encontrarse cuando conoció a Hamdi. "Creíamos que el idioma sería un problema, pero nos dimos cuenta que no. Sabe hablar bastante bien español y nos entendemos perfectamente desde el primer día".
"Igual que David, muchas familias tienen mucho miedo a no entenderse con el niño saharaui que acojan, aunque la mayoría de estos chicos tienen como asignatura español en los campamentos", explica Marga Zapatero, integrante de la asociación 'Vacaciones en Paz' de Getafe. Otra de las inquietudes de los padres de acogida es la alimentación. El desconocimiento de lo que pueden o no comer no les deja estar tranquilos. Aunque desde la entidad a todos ellos se les dice lo mismo: "Son niños y los tenéis que tratar como a vuestros propios hijos, porque tienen los mismos problemas y las mismas inquietudes", comenta esta experta.
Charlas 'formativas'
Antes de recibir a los niños, la asociación organiza charlas con las familias. Con las que viven esta experiencia por primera vez se hacen entrevistas de media hora para conocer un poco a los padres, sus intenciones y expectativas. Tras este primer contacto, se organiza una reunión mucho más genérica con todas las familias que participan en el proyecto para conocer la problemática saharaui y estipular el programa de actividades que se va a realizar durante los dos meses que estarán en Getafe, antes de que lleguen los niños (sobre el 22 de junio). En estos encuentros, los padres expertos comparten sus experiencias con los nuevos. "Muchos de ellos, al ver que tienen los mismos problemas, se quedan un poco más tranquilos y les ayuda a sentirse mejor", comenta Zapatero, quien asegura que desde la asociación están en contacto con las familias y los niños saharauis para cualquier problema que pueda surgir.
Todos los padres que quieran adoptar a un niño, lo pueden hacer, ya que el número de jóvenes que visitan la región depende de las familias interesadas. Los únicos requisitos necesarios son: "Tener ganas de ayudar a uno de estos críos e ilusión por vivir esta experiencia", asegura Zapatero. Además, muchas de las familias que acogen, repiten, "porque engancha", afirma la experta, "aunque también hay familias que lo dejan por su edad o porque llevan tiempo haciéndolo y quieren cambiar de aires".
Esta asociación getafense, financiada por el Ayuntamiento de Getafe, quien aporta 25.000 euros anuales, lleva en marcha más de diez años. El primer año acogieron a cinco niños y este, a 25. "Hemos notado que la crisis está afectando también a la acogida de niños", comenta Zapatero. Los niños, de entre 7 y 12 años, abandonan sus jaimas y viajan a la Comunidad de Madrid a vivir en chalés y pisos. El objetivo es alejarse durante unos meses de las altas temperaturas en las que viven allí, para recibir una alimentación equilibrada, realizarse una serie de revisiones médicas, conocer otra cultura y vivir una experiencia única con sus familias de acogida.
Una experiencia gratificante
Para David Serrano esta experiencia es "muy gratificante", por lo que recomienda a todo el mundo vivirla alguna vez. "Te das cuenta de lo que valoran ellos cualquier chorrada y de que hay cosas que no han visto en su vida", comenta, mientras recuerda el día que mandó a Hamdi al baño a peinarse y cuando se dio cuenta en lugar de estar haciéndolo con un peine, se estaba peinando con un cepillo que tiene para limpiarse las uñas. "Hay muchas utensilios que no han visto nunca y que a ellos les resultan muy extraños", afirma. Una vivencia que según este padre de acogida vivió su familia cuando él era pequeño, acogiendo a una niña bielorussa, y que ahora él también ha querido disfrutar en sus propias carnes, junto a Hamdi.
A finales de agosto, y tras pasar Hamdi y David estos dos meses juntos, llegará el momento más duro de todos: la despedida. "En este tiempo se les coge mucho cariño y te da pena que se vayan, pero por otro lado sabes que quieren volver, porque allí está su familia", explica Serrano. Aunque este año será especialmente duro, porque es la última vez que Hamdi puede venir a Madrid. "Ya veremos cómo lo llevamos", comenta con tristeza este joven getafense, quien ya anticipa que le echará mucho de menos y que a partir del 22 de agosto continuarán llevando esta relación por teléfono, hasta que vuelvan a encontrarse de nuevo.