Ángel del Río | Martes 12 de julio de 2011
Santa Marta, Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía. Parla tiene tren, pero también tiene tranvía. Al parleño le da igual si el anterior alcalde Tomás Gómez se embarcó en un proyecto faraónico o no; al vecino de esta localidad le trae al fresco si los políticos quieren vender un tranvía como arma arrojadiza; a los habitantes de este municipio del sur les trae al fresco de dónde tenga que sacar el dinero el Ayuntamiento de Parla para pagar a la empresa concesionaria y ésta a sus trabajadores, a los tranviarios. Que se las apañen los políticos como sea, que para esos les han elegido y les pagan, para evitar que el tranvía de Parla desaparezca poquitos años después de ponerse en marcha, desapareciendo así un medio de transporte público de gran utilidad para los vecinos, especialmente para los de aquellas zonas de nueva creación, de los nuevos desarrollos urbanísticos, que sin el tranvía se quedarían descolgados, casi aislados.
Cuando Parla se quedó fuera del proyecto de Metro Sur, el alcalde, entonces Tomás Gómez, tuvo que diseñar un plan de transporte público urbano que diera a su municipio el mismo servicio urbano que el Metro Sur daría a los municipios vecinos. La recuperación del tranvía era el modelo ideal, la vuelta de un sistema de transporte colectivo rápido, eficaz, limpio y respetuoso con el medio ambiente. Por lo tanto la idea inicial era asumible y viable y ha venido funcionando de forma más que aceptable. Otra cosa es la gestión, el cumplimiento de los compromisos, la viabilidad económica del día a día, cuestión que debe competer a los políticos, a los gestores públicos quienes deben dar una solución más razonable y ventajosa para los parleños que dejar morir al tranvía por inanición.
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