Sara Medialdea | Jueves 30 de junio de 2011
¿Nos queda algo de espíritu olímpico? ¿O los fiascos de Singapur y Copenhague han acabado con nuestra paciencia? ¿Unos Juegos en Madrid pueden ser el revulsivo que hace falta para salir de la crisis, o no está el horno para esos bollos? La incógnita está a punto de despejarse: dice el alcalde que en la tercera semana de julio -allá por el día 15- ya se habrá decidido si la capital de España emprende su tercera carrera olímpica. Una posibilidad que llena de esperanza a muchos y pone los pelos como escarpias a otros.
El apoyo popular siempre ha sido uno de los fuertes de la candidatura madrileña. Pero el alcalde tiene ahora la vista en otros apoyos: confía en que el del pueblo se puede "inducir" con adecuadas campañas publicitarias. Sin embargo, reconoce en público que nada podrá llevarse adelante, y menos que nunca en este momento crucial de nuestra economía, sin la aquiescencia de las otras administraciones implicadas.
Otra cosa son las posibilidades reales de conseguir los Juegos. Digamos que muchos madrileños y españoles desconfían de los miembros del Comité Olímpico Internacional. Digamos que muchos ya han aprendido que ser los mejores valorados en muchos factores que se dicen cruciales sirven de bien poco, y que tampoco resulta una cortapisa estar suspendido en materias tan importantes como la seguridad: que se lo digan a Río.
En cuanto a los rivales, se ha despejado la incógnita de Sudáfrica: no va a haber candidatura del continente negro, lo cual es todo un alivio porque aquí ya sabíamos que nadie podrá oponer resistencia ante una candidatura en un continente que nunca jamás ha organizado unos Juegos Olímpicos. Pero nos quedan otros huesos duros de roer. Como Roma; ahí es nada, la Ciudad Eterna. O Tokio, que piensa en presentarse en alianza con alguna otra de las ciudades más afectadas por el tsunami de marzo: todo un golpe al corazón.
Lo que está claro es que, a día de hoy, hay partido. Que Madrid merece jugarlo es un hecho; si está dispuesta a correr de nuevo el riesgo es lo que está por decidir.
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