Este domingo, el Movimiento 15-M afronta una jornada decisiva para su futuro. Un mes después de que la chispa prendiera, los 'indignados' volverán a escenificar su descontento en la calle con la opinión pública más dividida que nunca ante este fenómeno. Más allá de la evolución de los acontecimientos, Madridiario recoge la reflexión de los protagonistas, los aludidos y los intelectuales sobre los cimientos de un fenómeno sin precedentes: la llamada 'Spanish revolution'.
Mientras los 'indignados' prosiguen su cuenta atrás hacia la gran manifestación del 19-J, convocada por Democracia Real Ya, para 'tomar' de nuevo las calles de Madrid, los últimos acontecimientos han dividido a la opinión pública ante el llamado "fenómeno del 15-M". La resaca de los sucesos del Parlament y del
desahucio de Tetuán -los que abuchearon a Alberto Ruiz-Gallardón cuando sacaba a su perro estaban relacionados con el Orgullo, no con los 'indignados'- han acabado por empañar la convocatoria. "
Hasta ahora se distinguía con nitidez el movimiento pacífico y reivindicativo de los hechos violentos particulares protagonizados por unos pocos. Es algo muy obvio; incluso el 15-M ha insistido en desvincularse de los que increparon a Cayo Lara... pero en los últimos días los medios han mezclado una cosa con otra", dice Luis Alegre, profesor de Filosofía de la Universidad Complutense. "Y
ningún movimiento puede ser responsable de lo que hagan todos y cada uno de sus miembros, máxime cuando realiza convocatorias totalmente abiertas", añade.
Ahora, el 15-M se enfrenta a la reválida de la calle, de su poder de convocatoria, de la unión y la cohesión de las distintas asambleas. La estructura de la marcha, dividida en columnas que irán confluyendo a medida que se acerquen a las Cortes, refleja a la perfección
la nueva configuración del movimiento, que está buscando su fortaleza en los barrios. El 11 de junio, fecha de las últimas asambleas de barrio, no dejó dudas sobre su vitalidad: 350 personas en el distrito de Barajas, 70 en el barrio de Fuencarral, 250 en el de la Concepción, 150 en Alpedrete... Si bien la asistencia de los ciudadanos ha bajado desde el 28 de mayo -fecha de las primeras asambleas de barrio-, tampoco parece que se vayan a diluir de momento.
Pero ¿permiten estos datos afirmar que el movimiento representa al pueblo de Madrid? Las cifras aisladas solo permiten hacerse una idea aproximada de la participación en estos foros;
no hay datos de todas las asambleas de barrio y, por tanto, resulta imposible arrojar un dato global fiable sobre el número de personas que se mantienen activas en ellas. Los detractores del 15-M argumentan que la verdadera representatividad es la que emana de las urnas, que cuentan con unos índices de participación lo bastante altos como para poder afirmar con rotundidad que los políticos elegidos en ellas sí representan al pueblo. En términos absolutos, son muchos cientos de miles más los que han acudido a votar en las últimas elecciones que la suma de los ciudadanos que se han lanzado a la calle estos días para mostrar su indignación. Pero los portavoces del 15-M consultados por este digital aseguran que eso no importa. "Da igual cuántos miles de personas seamos; lo importante es que
hemos conseguido hacer que toda la sociedad se despierte, reflexione y pueda acudir a unos foros donde va a poder exponer sus ideas con total libertad. Eso no ocurre en un Parlamento", argumentan.
Los expertos consultados por
Madridiario también están de acuerdo en que esa es la grandeza del 15-M: que
no se mide en cifras, sino en impacto, en su poder catalizador de un cambio que, sin embargo, está por llegar. Y ahí es donde entra el problema del método. La ausencia de líderes, uno de los aspectos por los que velan con más celo los 'indignados', tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes, al menos en el terreno práctico. Así lo piensan, al menos, los miembros de las instituciones, pero también expertos como el catedrático de Sociología y expresidente del CIS Ricardo Montoro. "
No se puede gritar 'No me representáis' en un sistema que garantiza la representación política: o participas, o te quedas al margen", argumenta. Y añade: "En una sociedad tan organizada como la nuestra no se puede introducir una desorganización tan grande. Cuando dicen que son una parte de la sociedad, ¿qué entendemos por 'una parte'? Si alguien que acude a una reunión en nombre del 15-M dice que no representa a nadie, ¿qué hago hablando con él? Según esos argumentos,
el 15-M no existe".
Sin embargo, las voces que se están haciendo oír en la calle indican que algo sí existe; llámese "movimiento", "15-M", "indignados" o -al menos durante algunas semanas- "acampada". Algunos puntos están claros: el origen está en Democracia Real Ya, pero
el 15-M lo ha trascendido con creces; se ha extendido a los barrios; sigue contando con las simpatías de una parte de la sociedad y tiene unas pretensiones. En concreto, hoy por hoy,
trabajan en cuatro: la reforma de la Ley Electoral, la separación efectiva de poderes, la exigencia efectiva de responsabilidad política y la creación de mecanismos para el control ciudadano. Todas las fuentes consultadas, incluso las de los propios partidos políticos, están de acuerdo en que se trata de aspectos tan básicos que
muy pocos pondrían en duda.
Entonces, ¿por qué un 15-M? "Sencillamente, porque
nadie se ha preocupado antes de solucionarlo", contesta Juana, otra portavoz de los 'indignados'. Se da la paradoja de que algunos puntos, como la reforma de la ley electoral o la lucha contra la corrupción, están en los programas de algunos partidos políticos y también de otras organizaciones 'del sistema', como sindicatos o entidades vecinales. Tal y como apuntan desde la patronal, "el 15-M no ha descubierto nada nuevo". Y ellos lo reconocen; el problema es otro. "La indignación es parecida a la que puede sentir una persona que tiene a una pareja o a un progenitor que le pega. Le dice que le quiere, que no lo hará más, pero le sigue pegando. Y
llega un momento en que la víctima dice basta", explica Juana.
Luis Amigo matiza el grito de guerra del movimiento. "El 'no nos representan' no niega que los políticos tengan el respaldo de los ciudadanos; lo tienen y lo han obtenido de forma legítima, en las urnas.
El problema es que después les han dado la espalda a la hora de tomar las decisiones y se han vuelto hacia los mercados financieros, que son quienes les marcan el paso", argumenta. "Las instituciones representativas no son las que tienen el poder real, y eso ha generado una
crisis de legitimidad que ha indignado a la población. No lo dice el 15-M; lo dicen
las encuestas del CIS", añade.
¿Y si, pese a todo, los representantes 'tradicionales' de los ciudadanos decidieran atender al mensaje del 15-M y 'ponerse las pilas'? Ana y Elena, otras dos portavoces del movimiento, piensan que nunca es tarde y que, si alguien decide poner en práctica algunas de sus propuestas,
serán bienvenidas, lo haga quien lo haga. Pero Juana matiza que algunos podrían volver a reaccionar como lo hizo el puñado de personas que increpó a Cayo Lara cuando hablaba con la prensa durante el 'desahucio abortado' de Tetuán. "Imagina que un 'seudoamigo' que te ha ignorado hasta ahora te coloca, de repente, como prioridad número uno en la agenda. Me parece estupendo, pero es lógico que desconfíe", explica. Y concluye que la solución es sencilla: "
Que lo haga, y punto. A partir de ahí, empezaré a tener motivos para volver a fiarme de él".