La reestructuración del Ayuntamiento de Madrid anunciada por Alberto Ruiz-Gallardón concentra la mayor parte del poder municipal en manos de la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella. Limpieza, parques, mobiliario, gestión de residuos, contaminación, gestión del tráfico y de los autobuses, son algunas de las competencias que va a gestionar.
La decisión del alcalde desequilibra aún más si cabe la estructura municipal, basada en áreas delegadas y juntas de distrito. En los últimos ocho años los presidentes de los 21 ámbitos territoriales que conforman la ciudad se han convertido en meros intermediarios de los delegados de confianza del regidor, auténtico motor de la gestión de la ciudad. Sus competencias se han reducido de manera drástica, de forma directamente proporcional a su presupuesto. Hasta los ediles más gallardonistas reconocen que esta situación ha creado concejales de primera y de segunda.
El anuncio realizado en la sesión constitutiva del nuevo Consistorio de este sábado supone una reedición de esta fórmula en la cúpula municipal. En este caso, el organigrama reparte el poder entre Ana Botella y el resto. La responsable de Medio Ambiente controla prácticamente todas las funciones municipales que se realizan en la calle, mientras que sus compañeros quedan relegados a una labor mucho más administrativa y de oficina.
Botella gestiona la limpieza de las calles y sus contratos, en plena tramitación y unificación. El reciclaje, el mantenimiento de jardines y parques, la sostenibilidad y la gestión del agua. Hasta ahí llegan sus antiguas atribuciones. Ahora estas se extienden. Asume todas las atribuciones de tratamiento de espacios públicos de la extinta Área de Obras. Es decir, mobiliario urbano, alumbrado, mantenimiento y permisos en la calle. También agrupa el lado más amable de la movilidad de la ciudad, materializado en la planificación y ordenación del tráfico, incluida la EMT, la empresa municipal que más ha mejorado desde la entrada de Ruiz-Gallardón en el Gobierno municipal. A saber, decidirá por dónde van los coches, los peatones y los ciclistas.
Los perjudicados
Este poder ha afectado y mucho las atribuciones de algunos de los responsables municipales. Los más perjudicados son Paz González y Pedro Calvo. La primera ha pasado de gestionar Medio Ambiente entre 2003 y 2007 a la presidencia del Pleno del Ayuntamiento. La entrada de Botella en Medio Ambiente en 2007 (y la inclusión de Concepción Dancausa en Asuntos Sociales por imposición de Esperanza Aguirre) obligó a Ruiz-Gallardón a crearle un área a su medida, desgajando atribuciones de Urbanismo.
Ahora, la acaparación de competencias de Botella vuelve a afectarla. Esta vez, apartándola de la gestión de ciudad y convirtiéndola en la responsable del máximo órgano legislativo municipal. Y es que el Área de Obras y Espacios Públicos, un departamento que ha defendido a capa y espada por su capacidad para recuperar
el espacio de la ciudad para los ciudadanos, se divide, reparte y elimina. La responsabilidad de Obras, que no asume Botella, vuelve a Urbanismo. Entre los retos de su presidencia está descargar al alcalde de las tareas administrativas que supone el Pleno, la constitución de una mesa de portavoces bajo su mando y la transformación del máximo organismo municipal en un ente que esté por encima de los partidos, al estilo del Congreso.
Especulaciones
Pedro Calvo también pierde peso gestor en el Consistorio y las compensaciones que le dan parecen saber a poco. No acometerá las labores más agradecidas del departamento de Movilidad y, a cambio, se queda con las más impopulares. Gestionará las multas, que suponen una gran carga burocrática, y la disciplina del tráfico, y tendrá que lidiar con los agentes de movilidad. A cambio, Ruiz-Gallardón le 'premia' con la cuarta tenencia de Alcaldía y la Agencia de Tramitación de Licencias, un organismo que estaría mejor situado en Urbanismo o, incluso, como ya se ha venido asumiendo en el último año, en Hacienda.
Las especulaciones apuntan a que este incremento de poder de Ana Botella responde a la tan cacareada intención de Alberto Ruiz-Gallardón de ceder a la delegada de Medio Ambiente el mando de la capital y dar el salto a la política nacional, de la mano de Mariano Rajoy. Eso no tendría que implicar obligatoriamente que el primer edil abandonase su cargo, ya que
es compatible con atribuciones de carácter nacional.