Pedro Fernández Vicente | Miércoles 01 de junio de 2011
A mi, en esencia, me gusta el fútbol. Como todos los que estamos vinculados a este deporte hay unos colores que nos tiran más que otros. Eso no lo podemos negar aunque, en momentos concretos, no sea apropiado dejarse ver. Este es uno de esos momentos: la final de la Copa de Europa o de la Champions, da igual. Tanto si la juega el Barcelona como si fuese el Real Madrid, siempre estarán los seguidores y los detractores que prefieren verle perder, lo jugase contra quien lo jugase. Y en este caso ha sido el Barcelona.
Ganaron los azulgranas al Manchester con una paliza que podría haber sido la misma que a un equipo cualquiera de mitad de la tabla de la liga española. Los ingleses tuvieron suerte porque les pudo caer la manita con cierta facilidad.
Pero no es de la victoria del Barça de lo que quiero hablar, sino de la elección de mejor jugador de la competición. Como siempre ha sido Mesi el que figura, el que destaca, el que brilla. Una pena porque el auténtico valuarte de este Barcelona campeón de Europa no es el argentino sino el de Terrasa. Ese catalán de nombre Xavi y de apellido Hernández. Ese es el auténtico protagonista de casi todos los partidos. Pero como Mesi es el que llega al área y mete los goles pues se lleva la condecoración.
Xavi Hernández es un centrocampista de esos que todo equipo quiere tener. Ese jugador que se echa en falta cuando no está en el campo. Organizador, con visión, capaz de poner a cada uno donde tiene que estar. Habla donde hay que hablar y ¡vaya si habla!, cada uno recibe las órdenes oportunas. Organizar no es fácil, pero Xavi lo hace de memoria y lo hemos visto en su Barça y en la Selección Española. La toca, la mueve, la soba solo lo necesario y pasa en corto, o en largo si fuera preciso. Nunca o casi nunca la pierde, ese es uno de sus valores. Tanto que llega a desesperar a los adversarios con su ida y vuelta, con esos giros que hacen inútil la presión contraria. Xavi siempre lleva la pelota al mejor espacio. Se mueve con el balón en los pies como si no lo tuviera. Cuando controla el balón, todos en el campo saben lo que va a pasar. Los suyos se desmarcan y buscan la mejor opción, corren, abren el campo, no se preocupan de hacerse ver porque Xavi les encuentra con facilidad. Él elige al mejor situado y se vuelve a desmarcar para ser ese pulmón que todo equipo necesita en el centro. El equipo contrario sabe que mientras el balón esté en sus pies no lo recuperará. Hay que esperar a que lo suelte. Su zona es todo el campo. Acude en busca del balón, todavía en poder de los defensas, como los mozos en San Fermín al abrir los corrales, se da media vuelta y ya está viendo las posiciones. Juega en corto y se desmarca, en un segundo vuelve a ser una opción válida para el que tiene el balón que siempre encuentra en Xavi el desahogo que necesita cuando la presión del contrario se hace insoportable. Coge el balón lo pisa, mira a un lado y otro, gira para evitar el acoso, se mueve a derecha e izquierda y la suelta para evitar más presión del contrario y volverse a desmarcar. El fútbol con regla, cartabón y tiralíneas, hasta llegar al borde del área, zona familiar que traspasa con frecuencia y donde es temido por su disparo raso, preciso y potente. No será nunca el máximo goleador, pero si el que más sorprende con su llegada y el que fabrica ese pase que solo él ve, poniendo el balón allá donde el compañero le saque el mejor rendimiento. Tiene dotes de director en directo, sin pausas.
No quiero decir lo que sería absurdo, porque Mesi es de los mejores del mundo si no el mejor, pero solo lo consigue en el Barcelona, en la selección argentina no llega a tanto. Por algo será. ¿Existe algún jugador en el mundo, en estos momentos, que contribuya más a hacer equipo que Xavi Hernández?. Es modesto, respetuoso y silencioso. Ser, es el mejor, sin duda, aunque no le importe que los menos entendidos resalten al Mesi. Por eso es el mejor.
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