Opinión

Ensayo de lucidez

Celia G. Naranjo | Jueves 19 de mayo de 2011
En medio de la vorágine informativa en la que nos tienen sumidos los acampados de Sol, me ha venido a la cabeza el 'Ensayo sobre la lucidez' que escribió, no hace tanto, un lucidísimo José Saramago. Si lo han leído, recordarán el argumento de base: en unas elecciones, una abrumadora mayoría de ciudadanos decide votar en blanco. Los gobernantes, asustados, deciden convocar nuevos comicios, pero el porcentaje de quienes deciden esa opción de voto no hace más que crecer. Así, los ciudadanos lanzan a los políticos un mensaje tan claro como aterrador: no les representan. Y por eso se niegan a legitimarlos.

Invito a quienes me leen en estos momentos a leer la obra para saber lo que ocurre a partir de ahí. Pero ese no es el propósito de esta columna. El libro del nobel portugués es solo una excusa más para reflexionar sobre el movimiento Toma la plaza. Claro que los manifestantes no piden el voto en blanco; lo que piden es que los ciudadanos indignados lancen ese mensaje, de la forma que crean más conveniente, a los gobernantes. Y qué duda cabe que unas elecciones autonómicasy municipales son una oportunidad de oro para hacerlo.

Ignoro si las acampadas en Sol, las miles de personas en la calle y los mensajes de protesta se materializarán en blanco en las urnas. Tampoco sé si los que ahora ocupan la calle se quedarán después de las elecciones y buscarán, o no, nuevas fórmulas para decirles a nuestros políticos que ya basta.

Pero, en el fondo, eso es lo de menos. Lo importante es que por fin se ha hecho visible lo que todo el mundo sabía: que una parte importante de la sociedad está descontenta. Por el paro. Por el caso omiso que los políticos hacen de sus peticiones. Porque no se siente representada. Porque cada decisión tomada en las 'altas esferas' se aleja más de los problemas reales, cuando no los agrava. Y porque la democracia de la Transición estaba muy bien hace treinta años, pero ahora, quizá, dicen los indignados, harían falta unos pequeños (o grandes) ajustes. No se trata de ir contra la democracia; no. Se trata de actualizarla, de adaptarse a los nuevos tiempos, de buscar, o al menos considerar, nuevas fórmulas que acaben con el descontento generalizado.

Bien, ¿y qué significa esto en concreto? Este jueves empezaban a cristalizar algunas ideas, como reformar la Ley Electoral con listas abiertas, circunscripción única y escaños proporcionales al número de votos. De eso se trata: de aportar ideas para avanzar, reflexionar y, si calan en la sociedad, llevarlas a cabo.

Por fortuna, esto no es el universo imaginario de Saramago. De momento, las plazas de toda España están siendo testigos de un ensayo de lucidez cuya verdadera representación será lo que venga después. Pero la función final necesita la participación de todo el elenco de actores. Si los aludidos, los actores sociales, se quedan como espectadores en el patio de butacas, la epopeya de Sol no habrá servido para nada.

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