Opinión

El futuro entra en campaña

Pedro Montoliú | Martes 17 de mayo de 2011
Mi última columna ponía de manifiesto lo aburrida que estaba siendo la campaña. La situación ha cambiado esta semana y no porque los políticos hayan variado de estrategia, y tampoco porque se hayan enzarzado en una discusión a fondo sobre los problemas que interesan a los ciudadanos, sino porque de pronto han aparecido miles de jóvenes dispuestos a dar un fuerte toque de atención.

Bajo el lema "Democracial Real Ya", el pasado domingo salieron a la calle miles de jóvenes en casi sesenta ciudades para decir lo que no queremos ver: que tenemos 909.000 jóvenes españoles menores de 25 años sin trabajo, lo que supone una tasa de paro juvenil del 43,6%; que tenemos una tasa de fracaso escolar que supone que tres de cada diez alumnos abandonan los estudios obligatorios antes de graduarse y el 31 por ciento no consigue la titulación mínima obligatoria; que, en estas circunstancias, independizarse de la familia sólo está al alcance de menos del 40 por ciento; que la crisis ha hecho que una parte de los que ya habían abandonado la casa de sus padres haya tenido que volver a ella; que los que ya están fuera deben pagar un 56 por ciento de su sueldo en alquileres, por lo que ni se plantean adquirir un piso, pues cobran de media poco más de 14.000 euros, a todas luces insuficientes para pagar las letras de una vivienda.

Los sociólogos y los periodistas que necesitamos ponerle etiquetas a todo decidimos llamarles la generación 'ni-ni' porque ni trabajan ni estudian. Encasillado el problema y tras dedicar amplios reportajes a esta generación perdida, pasamos a otra cosa, pues está el mundo muy activo y estos problemas de fondo parecen estar bien para un rato y para indicar a nuestros lectores que tenemos una vena social. El problema es que estos jóvenes son nuestros hijos, nuestros sobrinos, nuestros nietos; son esos jóvenes en los que hemos invertido mucho afecto, mucho apoyo y mucho dinero en darles dos y hasta tres carreras, master de todo tipo, viajes al extranjero... Es la juventud mejor preparada que ha tenido nunca España... y no encuentra donde trabajar.

Los partidos hablan del paro en abstracto, proclaman que hay casi cinco millones de parados, echan la culpa de ello a una crisis que más parece una plaga bíblica que algo fraguado por especuladores muy poderosos y por otros más de andar por casa. Se nos promete que con tal partido el paro se reduciría, en la confianza de que, entretanto, la crisis se vaya superando y coincidan las promesas con los tiempos de bonanza; se nos dice que la culpa de lo ocurrido se gestó en aquellos tiempos en que todo parecía boyante, se construían viviendas como si fueran para regalo y los encofradores y escayolistas cobraban más que el presidente de Gobierno; se echa la culpa a las políticas liberales o se critica el capitalismo galopante... pero qué pocos dan soluciones a los problemas de tantos jóvenes a pesar de tenerlos en la propia casa o en la casa de al lado.

Un problema como el que está viviendo la juventud exigiría un pacto de Estado entre los principales partidos y largas reuniones de sindicatos, patronal y Gobierno. Sin embargo, no pasa nada de eso. Nos conformamos con darles una palmada en el hombro, evitar que se desanimen, costearles sus gastos y decirles que estudien más, que se preparen aún mejor y que ya llegará su día. No es mi caso, pero eso es lo que veo entre algunos de mis familiares y amigos.

En estas condiciones surge esta protesta de Democracia Real Ya. Tras el estupor inicial —en Madrid se reunieron el domingo más de 20.000 manifestantes— las máquinas políticas se han puesto en movimiento e intentan capitalizar un movimiento que, como la crisis, les ha pillado con el carrito del helado. Es muy difícil, pero ojalá los impulsores de estas demandas se mantengan alejados de cargas ideológicas y no se dejen intrumentalizar por nadie, sean partidos o extremismos. Al fin y al cabo, lo que piden, el trabajo y la vivienda, son sencillamente derechos que están en nuestra Constitución.

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