Opinión

Tersa, terca y democrática

Nino Olmeda | Martes 17 de mayo de 2011
Lo terso es limpio claro y resplandeciente. Lo terco es  irreducible y pertinaz, que también significa duradero o persistente. Democrático es algo relativo a la democracia, que cuando no es todo lo democrática que requerimos los ciudadanos se convierte en algo parecido a lo que sucedía en la etapa de la Restauración de Canovas (derecha) y Sagasta (izquierda): un bipartidismo que conllevaba el cese inmediato de todos los funcionarios afectos al bando en el poder cuando ganaban los otros. Eso pasa ahora en pleno siglo XXI, pero no tan descarado,  y este sistema sólo da lugar no a cambios sino a recambios entre los dos protagonistas del bipartidismo casi perfecto y cada vez más agobiante que sufrimos todos los españoles.  Es cierto que cada cuatro años votamos y tenemos la posibilidad de botar a los que nos parecen descarados y poco convenientes para el buen funcionamiento de la sociedad, y a los que llevan subidos a un coche oficial y pegados a un cargo a dedo desde que fueron destetados políticamente. Este mal es como una enfermedad contagiosa de la que no se libra nadie apegado a la partitocracia, que tanto ahoga la propia democracia. Por eso, no estaría de más aplicar terquedad, tersura y democracia a nuestra situación de crisis económica,  provocada por los mercados que nadie sabe qué son pero a los que todos los del poder político quieren salvar con ayudas públicas.

En pocos días habrá elecciones autonómicas y municipales, y parece ser que la única posibilidad es elegir entre socialistas y populares, que están enfrentando la situación con unas actuaciones en las que a los que provocaron la crisis se les da de todo y se convierten en los grandes beneficiarios de las ayudas económicas. Sin embargo, los que sufren lo que han provocado otros, los más de cinco millones de parados y sus familias, son los grandes olvidados. Al enterarse de que pintaban  bastos y de que si no obedecía lo que mandaban desde las instituciones financieras le enseñarían la tarjeta roja, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero puso sobre el tapete,  acciones que empobrecieron a muchos, entre ellos, funcionarios, jubilados y personas que buscan sin encontrar un empleo decente y bien remunerado. Y el PP, que  aprobó sus actuaciones,  cargó sobre el mandatario español para que dejase la Moncloa lo antes posible con el único objetivo de que los cesantes del PSOE dejaran sus puestos a los populares. En estas estamos, en un proceso de recambio pero sin cambiar nada más que los nombres y las siglas de los canovistas que luchan por echar a los de seguidores del Sagasta de turno. O al revés.

Hace meses, un grupo de jóvenes desesperados y sin salida personales y profesionales se movilizó contra lo que existe. El 15 de mayo, en plena festividad de San Isidro y cuando los candidatos electorales estaban en la Pradera del Santo con sus trajes de chulapos y chulapas pidiendo el milagro de los votos, volvieron a protestar y a recordar que la democracia es el gobierno del pueblo y no el  de los partidos. Se quejan de que “la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha” y explican que “sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE”.

Algo pasa. No vendría mal agitar las conciencias para convertir nuestra democracia en tersa, terca y democrática. En eso estamos. Es difícil porque los que dependen, para seguir viviendo,  de un buen resultado electoral necesitan acabar con el contrario y asustar a la ciudadanía con mensajes llenos de miedo a que lleguen los que aspiran a sentarse en sus escaños, despachos y demás lugares paradisíacos que ofrece el poder. Cuando más se necesita que la política se encargue de resolver los problemas de los demás, ellos se empeñan en contaminarnos con sus cosas, las de la política.

Necesitamos gritos contra estos inútiles con careta de útiles y preocupados por los demás y contra los que dicen que no se resignan a que venga la derecha -si ya están dicen algunos-  y claman para que se vote a la izquierda que dice representar el PSOE. A lo que no se resignan es a dejar de mamar de la teta del poder de los suyos. Gritan como papagayos que lo que no sea eso es apoyar al PP, que pone verde a Zapatero por los recortes sociales que ha impuesto pero no se compromete a nada más que a expulsar a los que ocupan el poder para colocar a los suyos. Si el objetivo es combatir las políticas de derechas y de sumisión a los poderosos de los mercados, habrá que decir no a las políticas neoliberales y apostar por una democracia tersa, terca y democrática. Tersa tiene nombre de mujer, que es terca cuando defiende sus derechos, que sólo se pueden conquistar y mantener con actitudes verdaderamente democráticas.

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