Ángel del Río | Lunes 09 de mayo de 2011
Pasaron a mejor vida aquellos encuentros televisivos de las candidatos en plena campaña electoral, donde se encendían los ánimos, se encandilaba a la audiencia, y las opiniones, respuestas, ataques y contraataques creaban estado de opinión. Este invento de los debates sin debate, es como la leche pasteurizada: no tiene microbios, pero tampoco vitaminas. Un ejemplo es el que se celebró anoche en Telemadrid entre los candidatos a la Comunidad, y el que se va a celebrar esta noche entre los candidatos al Ayuntamiento de la capital, una pérdida de tiempo que nada aportan, porque nada nuevo se dice, y sobre lo dicho, no hay debates cara a cara, no se descubre ningún arma electoral oculta. Poner un espacio de esta naturaleza, a priori con marchamo de aburrimiento, una noche del domingo, cuando parte del personal se acuesta más pronto de lo normal para encarar al lunes descansado y la otra se enfrasca en los resúmenes de la jornada deportiva, es partir con unas previsiones de audiencia muy bajas, con pocas posibilidades de que se enciendan a medida que transcurra un debate que no es debate.
El planteamiento con el que se consensúa el desarrollo de este tipo de programas, no obedece a lo que se entiende como un debate puro y duro, sino a una serie de preguntas y respuestas, a turnos establecidos y medidos, a un pasapalabra, una especie de cuestionario que otorga al debate un carácter de oficialidad, demasiado ortopédico, insustancial. El de anoche en Telemadrid, con Esperanza Aguirre, Tomás Gómez y Gregorio Gordo, no pulverizó las audiencias, ni despertó el entusiasmo en ninguna de las partes. El resumen, las conclusiones de ese debate, no son hoy el tema central de las tertulias de café, ni de las charlas de oficina. Nada nuevo bajo el sol de los programas electorales ya conocidos.
Aguirre debatió con los datos irrebatibles de su gestión; Tomás Gómez atacó con el caso Gürtel, y sin hacerlo de forma expresa, vino a pedir la mano de Izquierda Unida para salir con él la próxima legislatura, mientras que Gregorio Gordo se sentía el pretendiente deseado para una de las partes y el castigador de ambas, repartiendo al PP y al PSOE casi por igual, aunque en el fondo su corazoncito le latiera en el lado izquierdo.
Esta noche se espera más de lo mismo en el debate (¿debate?) que van a mantener Ruíz Galalrdón, Jaime Lissawtski y Angel Pérez; más de lo mismo, es decir, nada que nos sorprenda, que nos dispare, que nos haga vibrar, otro capítulo de la serie: “Aburrimiento”.
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